domingo, 24 de junio de 2007

Las series, capítulo uno: nuestra infancia

En paranoia con Patatas hemos decidido por unanimidad (bueno, casi por unanimidad, hubo quien se abstuvo) desarrollar un ciclo de tres posts sobre series, el primero dedicado a las series de nuestra infancia, el segundo dedicado a las de nuestra adolescencia y el tercero dedicado a nuestra (in)madurez mental. Esto es posible gracias a que todos los miembros de la redacción pertenecemos a la misma generación, bueno, casi todos, Albert, el calamar gigante que vive en mi salón dice provenir de una raza de seres primigenios que ocuparon la tierra mucho antes que los humanos, pero de todas formas, a él le gustan las mismas series que a nosotros.
Esta se trata de la primera entrega del ciclo, dedicada a las series de nuestra infancia.
Dragones y Mazmorras


Empezaremos nuestro repaso a las series con la del famoso juego de rol de Dungeons and Dragons.
La historia era bastante sencilla, de hecho, si ya has visto el vídeo casi podría excusar de contártela, pero como algunos de vosotros sois unos mendrugos que no véis el vídeo y os tiráis a leer y a leer, pues os la cuento. La cosa va de unso chavales que van un día al parque de atracciones y, tras montar en una llamada Dragones y Mazmorras son tragados por un portal dimensional (como el que tenemos en el cuarto del baño del fondo y del que algún día os hablaremos) y aparecen en un universo paralelo exentos de cualquier tipo de guardia o custodia legal. Una vez allí se encuentran con el Amo del Calabozo, quien "les dio poderes a todos", y con una unicornio que se gasta todos los dineros del més en colirios.
Una vez allí, y cada uno con sus superpoderes debían hacer lo posible por volver a su época, y por el camino debían luchar contra temibles enemigos, de los cuales la más poderosa era Tiamat, un dragón de cinco cabezas, y el más insidioso era Venger, que era un tipo repulsivo y asqueroso que no hacía más que hacerles la puñeta a los críos.
He-Man y los Masters del Universo


Adam, príncipe de Etarnia debía proteger su Reino con la ayuda de un gato amariconao, que cuando oía aquello de "Por el poder de Greyskull" se convertía en una picadora de carne.
A ver, el argumento básicamente no daba más de sí. Había un prota, que era un tipo aparentemente normal, hasta que la hechicera le daba unos poderes y un espadón que ríete tú del de Conan, con los que debía luchar contra las hordas del mal dirigidas por Skeleton, que era una calavera encapuchada pasada de gimnasio.
Pero sin duda, lo que más molaba de la serie era el grito de batalla de He Man, y cómo la pantalla de tu tele centelleaba durante unos segundos mientas el castillo Greyskull refulgía. Hoy en día, si en una serie se hiciese capítulo tras capítulo una escena como esa, las asociaciones de padres le echarían la culpa de la epilepsia de sus hijos... Es más fácil culpar a la tele de todo que hacérselo mirar.
Campeones (Oliver y Benji)

No me creo que haya nadie leyendo esto que no recuerde esta serie, y digo más, no me creo que haya nadie leyendo esto que no recuerde cómo retó Benji a Oliver, lo que era la "Catapulta Infernal", qué puñetas le pasaba a Julian Ross que hacía que siempre tuviesen que cambiarlo (yo siempre me pregunté cómo era posible que sus padres le dejasen jugar al furbol), cuál era el problema de Roberto Cedinho, o cuál era la táctica de Ed Warner para que no le colasen ni un sólo gol.

Siempre se ha hablado de muchas cosas sobre esta serie, que si el campole daba la vuelta al globo, que si las líneas de cal las pintaban con un caza a vuelo rasante, que si un jugador caía lesionado tardaría semanas en ser rescatado, qué sucedería si hubiese niebla... pero a un televidente como yo, lo que más le llamaba la atención no eran los pepinazos del infierno ni los tiros del halcón, no, era el comentarista. Y es que el comentarista de un partido (de infantiles)comentaba el partido para todo el estadio (el estadio, que ocupaban cien mil personas), incluso advertía a los jugadores de las entradas rivales. Ya no entro en lo de las entradas, porque siempre eran entradas limpias que, o bien le daban al balón o bien pasaban sin pena ni gloria porque el delantero les saltaba por encima. Y es que las faltas no existían. Bueno, una vez recuerdo que le sacaban a alguien una tarjeta, pero tuve que esperar al siguiente capítulo para ver de qué color era...

Las Tortugas Ninja

Hace no mucho que les dedicamos un post a las Tortugas Ninja. Somos muy muy vagos y teníamos dos opciones: no hablar de las Tortugas Ninja, faltando así a la verdad; o hablar de ellas y repetir lo ya dicho, pasando a ser unos cansinos. Como no somos unos cansinos y nuestro compromiso con la verdad está fuera de toda duda, ahí se os deja el enlace. He dicho.

Los Gatos Samurais

Y de los quelonios ninja devoradores de pizza pasamos a los felinos samurais repartidores de pizzas, un anime que era la polla con cebolla, en el que tres gatos (dos machos y una hembra) debían comatir el crimen y al temible villano, el Gran Kesote (que era una especie de ratón también medio biónico que era la polla de gracioso el condenao) y sus máquinas de destrucción, con las que capítulo tras capítulo trata de asolar Pequeño Tokyo.

Por si no lo recordais, los protagonistas son Cerviche (el de la armadura blanca), el más rápido y atractivo de los repartidores de pizza de la ciudad; Polly Esther (la gata de la armadura rosa) que no paraba de tocar la flauta (litarelmente, malpensaos) y arañaba a sus enemigos con sus afiladas pero cuidadas uñas; y Guido Anchoa (el gato homosexual de la armadura azul) armado con su siempre útil sombrilla de combate.

Bio Man

Joder, por fin llegamos a las tollinas. Donde estén estos tres que se quiten el Jiban, el Ultraman, los Power Rangers y los demás gilipollas japoneses enmascarados. Estos tres gañanes eran la gaita, y aunque sus enemigos eran seres de otra dimensión, les pegaban unas ostias como panes mañaneros de gordas. Una cosa es segura, esta serie era buena buena eh, mira que me jodió a mi lo del Barcelona 92... todo el puto día sin los Bio Man (y no sólo por eso, sino porque me jodieron también el WWF y el Humor Amarillo).

Todos, y digo todos, los niños de nuestra generación querían ser el rojo o el amarillo, el amarillo molaba más porque tenía un león en la armadura, y el rojo era un halcón (quien quiere ser un halcón cuando puede ser un león...). La chica (que era un delfín) estaba en el grupo para hacer la serie más accesible a todos los públicos, para mantener una leve tensión sexual entre el grupo de protagonistas y para que quienes por aquel entonces fuesen unos adolescentes pajilleros viesen la serie.

Spiderman y sus amigos

Esta serie era la ostia. Peter Parker compartía piso con "O home de xeo", y con "Lumieira". Bueno no, creo que en verdad era una pensión regentada por Tía May, que ahora que recuerdo vivía con ellos, aunque no tenía ni puta idea de que si movías el trofeo de la sala los muebles se daban la vuelta, menudo susto se debió llevar la señora cuando le dio por limpiar el polvo.

Lo que más me intrigaba de esta serie es el por qué Lumieira era castaña de pelo liso y cuando se transformaba pasaba a crecerle el pelo y a ser pelirroja de pelo rizo... ¿Qué? ¿Qué pasa? Joder, ¿vosotros no tenéis inquietudes en la vida?

Los Caballeros del Zodíaco

Buf, esta serie también era pa jiñarse de buena. Los caballeros del zodíaco, además de ser un hito del homoerotismo (quien no recuerda el capítulo en que Pegaso y el caballero del Cisne se metían en la bañera en pelotas) fue un fenómeno de masas. Lo que debió pasar es que la gente se perdía entre tanto caballero dorado y tano animalito y tanto ataque de la repolla de la leche.

Yo personalmente guardo un rencor especial a los bastardos de Ban Dai, por fabricar el muñeco del caballero Libra, que nunca conseguí, porque "huy ese se vende muchísimo". Hijos de la grandísima puta, ojalá os murais infestados de enfermedades de todo tipo.


Chicho Terremoto

Chicho Terremoto, a todas luces, es un precursor del insoportable del Shin Chan. Gracias a él descubrimos que debajo de las faldas de las chicas debía haber algo interesante, y que si las bragas eran "blancas como la nieve", mejor que mejor.
pese a que al principio se conformó con ser el rey del baloncesto, llevando a los Búfalos a lo más alto (haciendo popular la frase de "Tres puntos colega", que seguía a alguno de sus triples); posteriormente decidió coronarse rey de los deportes, siendo campeón de ping pong y esgrima entre otros.
Clarísimamente esta serie tenía un personaje cojonudo, que etra Toribio. Toribio no tenía nariz, y era uno de los asversarios de Chicho en su conquista de los títulos, principalmente del de ping pong, pero en varios capítulos se nos contaba su desafortunada y trágica historia de amor con su novia. Snif snif...
Bola de Dragón Z


Buf buf buf. La última pero no por ello menos importante de las series que repasaremos hoy es la de Bola de Dragón. Me ha apetecido más incluirla aquí por haber encpontrado la canción en gallego. Mi madre, que buena es, (casi) siempre que me emborracho acabo cantando esta canción.
De hecho, ahora mismo todos los miembros de la redacción la cantan a coro, así que debemos dejaros.
Nos veremos en el futuro, y próximamente repasaremos las series de nuestra adolescencia.

1 comentario:

Out Of Time Man dijo...

¿Cuanto LSD ingirió el politoxicómano que definía Dragones y Mazmorras como "un mundo ideal"?