miércoles, 29 de agosto de 2007

Juguetes molamucho vol. 3: comprando al azar

A los japoneses les encantan. Aún hoy en día, frikis japoneses de todas las edades se dejan cantidades que rondan los 12 euros en muñecos sin saber cual de la colección va a tocarles, senos viene a la cabeza el ejemplo de las figuras (curradísimas) del MGS2.
Hace años se puso de moda el tema de comprar cosas sin tener demasiado claro lo que comprabas. Estos son algunos de los juguetes que recordamos con más cariño:


Los Toxic Monsters
Uno de los pioneros en esto fue también uno de los que más molaban, una idea tan genial que no alcanzamos a saber si se le ocurrió aun diseñador de juguetes o a un físico cuántico. No finjas que no los recuerdas, piratón. La cosa consistía en un saco verde que emulaba una bolsa de basura. La idea era que debías sumergir en agua la bolsa hasta que esta desaparecía, como si de una aspirina efervescente se tratase, dejando al descubierto al muñeco, que acostumbraba a ser un bichejo monstruosoide de alineamiento bueno o malo, pero un bichejo a todas luces.
Claro, todo muy bonito: lo metes en el agua, la bolsa desaparece y te quedas el muñequito tal y como sale en el catálogo… Varias realidades deben decirse al respecto:
1. Si lo hacías en la pileta… ibas a estar raspando verde rato largo, porque la materia, como todos sabéis, ni se crea ni se destruye, sino que retransforma, y toda esa bolsa pasaba a formar micropartículas que te dejaban la pileta hecha una marranada.
2. Una vez tenías el muñeco entre las manos era cuando te dabas cuenta de que la bolsita no había desaparecido del todo, y de que te restaba un rato de darle con algo para que te quedase nuevecito.
En fin, quizá los únicos de estos juguetillos que realmente añoramos.


Los Pocket Monsters

Venían en sobres de cien pesetas, y cada uno contenía un onstruo de goma, con frecuencias diferentes (como las Magic), los había comunes (el fantasma que se arrancaba la cabeza...), infrecuentes (la sierpe marina...) y raros (la hidra...); y todos ellos de colores diferentes, de forma que suponían una fiesta para los sentidos. Había unos cuantos que estaban currados de carajo.

Los Super Monstruos
Estos ya eran más clçásicos, más grandes, más caros, y estaban pensados para que los frikis los imprimasen y los pintasen después de adquirirlos (ya que venían en un sólo color, por lo general bastante orterilla). No eran tan chulos como los pocket monsters, pero eran mucho más grandes, y captaban bastante bien el horror gótico de vampiros, frankensteines, demonios y verdugos.

Los gamusinos
Muy posteriores a estos ya mencionados fueron los gamusinos, y no, no nos referimos a los animales que se cazan, a los que dedicaremos un post próximamente, sino a unos muñecos cuando menos... cutres.
Se trataban de una cabeza de orma ovalada a la que se le iban añadiendo extremidades a cada cual más cutre. Pasaron sin pena ni gloria por los kioskos españoles, sin llegar a triunfar entre el público de ninguna edad.

Los babys
No, nosotros no coleccionábamos de estos, por lo menos ninguno reconoce haberlo hecho, pero los ponemos por la leyenda urbana que circulaba en torno a estos muñecotes. Probablemente sólo los recuerden las chicas, y como parece que muchos de nuestros lectores siguen sin tener muy claro lo que es una chica, pues adjuntamos foto ejemplifcativa:
Los babys venían en un sobre y tampoco sabías cuál te iba a tocar, lo que sí que sabías era que sería un regordete bebé color carne con su pañal y que esbozaba alguna mueca de complicidad. Pero… ¿y si no era de color carne?
Pues resulta que si a mamá se la había tabicado un negro, y el bebé salía del sobre achocolatado, debías acudir a la carrera a tu kiosco amigo para canjearlo por cincuenta sobres con cincuenta bebés. Sin embargo, nadie había encontrado un bebé negro… pero todas las chicas tenían una amiga a cuya prima tercera de Cuenca le había tocado.

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