jueves, 23 de agosto de 2007

Juguetes molamucho vol.2: cosas pegajosas

Seguimos hoy con nuestro ciclo de juguetes molamucho, y en este caso hablaremos do todos aquellos geniales juguetes cuya principal característica era su pegajosidad.

El Blandiblub

El por todos recordado Blandiblub encabeza la lista de aquellos juguetes pringosos que todos los niños querían. Cuando comprabas tu Blandiblub sabías que te hacías con un juguete cuasi-eterno, que por mucho que lo doblases jamás se rompería y que te acompañaría dándote a ti y a los tuyos grandes tardes de diversión. La realidad era muy distinta.

Y es que estos mocos verdes sufrían al contacto con cualquier superficie no impoluta o esterilizada, y al mínimo contacto con cualquier partícula de suciedad hogareña, esta suciedad pasaría, irremediablemente a formar parte de tu nuevo juguete.
En Paranoia con Patatas recordamos con especial añoranza aquellos monstruitos (uno rojo, otro amarillo anaranjado y otro azul) a los que les metías dentro el Blandiblub y éste se derramaba por sus ojos narices y boca; así como al atrezzo de He-Man que hacía que tu personaje preferido se viese sumido en una masa verdosa e informe que sin duda le acarrearía graves secuelas; y también al mutógeno que venía con algunas Tortugas Ninja y que había desencadenado su mutación.


El Gak
Pero los tiempos evolucionan y no tardó en llegar el Gak. El Gak era muy parecido al Blandiblub, sólo que más pegajoso y menos maleable, por lo que se emporcallaba mucho más fácilmente. Tuvo una gran aceptación y niños ansiosos por obtener juguetes pringosos no tardaron en saquear las tiendas en su busca. Su envase de plástico transparente y sus diferentes colores le hicieron popular, pero jamás llegó a alcanzar una difusión como la del Blandiblub.

Las Manos Locas


No, no es el título de una peli porno onanista, es el nombre que recibían aquellos utensilios de destrucción que, en muchas ocasiones acababan pegados a lgares del todo inaccesibles, como el techo de una clase, o la fachada de un edificio.
El sueño de todo niño era arrebatarles cosas a su madre y su hermana (no así a su padre, que acostumbraba a tener mala uva) arrancándoles folios o papelotes con este gadjet definitivo.
Muchos fueron los sucesores de este juguete que comenzó siendo regalado con diferentes productos, y terminó saliendo al mercado como producto aparte y con muchas formas diferentes a las de las manos.

Los Waki Takis
Cual marcha militar, Giochi Prezziossi tomó nuestras televisiones al grito de Waki Taki Kaki Taki Eh! Eh! Miedo nos daban.
Eran unos pequeños soldaditos que tenían tres bolas de pegajosidad en brazos y una pierna y que al arrojarlo contra la pared descendían lentamente hasta el suelo. Esa era la idea.
Lo normal era que cuando los lanzases contra la pared se partieran alguna extremidad, y que, suponiendo que lo tratases bien y te durase, la pegajosidad se acabase más pronto que tarde.

1 comentario:

Voces dijo...

Joder, como mola recordar la infancia y más en concreto los juguetes, me transporta a aquella clase tostón de un lunes por la mañana en la que disfrutaba con mi manoloca (el juguete mal pensados), peqándo de collejas a todos aquellos (pringaos mayormente) que se encontraban en mi radio de acción (por cierto, bastante amplio hasta que la manoloca decía basta), eso si que era vivir.