sábado, 10 de noviembre de 2007

Todos fuimos otakus de niños

Todos nuestros lectores sabéis, y si no lo sabéis deberíais saberlo, que en paranoia con Patatas no somos demasiado partidarios del manga ni del anime. De hecho, nos habréis oído decir en multitud de ocasiones que sólo existen dos tipos de mangas: aquellos en los que jovencitas son violadas por monstruos viscosos y dotados de tentáculos, y los que no molan tanto.
Sin embargo, y tras habñarlo durante un buen rato nos hemos dado cuenta de una cosa... todos, y digo TODOS (tú también, querido lector) hemos sido otakus de niños. Sólo que no sabíamos que era ser un otaku y no todos olíamos mal.
Así nos dimos cuenta de que el manga es algo que nos ha arañado el celebro desde nuestra infancia, y sigue haciéndolo aún de vez en cuando.

Al principio estaban Heidi y Marco, los dibujos que todos los infantes deberían seguir idolatrando,pues ensalzan una serie de valores ya casi olvidados, como son el abandono familiar, la zoofilia, el maltrato psicológico de las personas discapacitadas y la pederastia.


¿Donde está mi puta madre? ¿Por qué tengo un mono en la cabeza? ¿Por qué el abuelo de Heidi me pidió que los dejase a solas en su casa de la montaña, aislada de toda civilización, sin línea telefónica ni cobertura de ningún tipo?

Mazinger Z y el Comando G fueron iconos de generaciones (hasta los geniales Gigatrón le dedicaron un temazo al robot gigante), pero no dejaban de estar orientados a un público un poco más adulto.

Después, los valores que estos dibujos nos transmitían fueron evolucionando, hasta culminar con la llegada a España del anime del Capitán Tsubasa, que todos conocemos como Oliver y Benji, pero pasando también por otras ideas, como la famosa Bola de Dan, o aquella otra de tías que jugaban al volley...



Los adultos hasta veían bien el que sus hijos consumiesen este tipo de televisión... hasta que llegó un tipo. Un tipo cuya aparición supuso un misilazo directo contra la línea de flotación que mantenía la reputación del manga en nuestro país:


Chicho era un puto criajo anormal y salidorro con un cabezón igual de tocho que el chaval ese del pueblo italiano de los cojones ya, que pasaba de puntillas por todos los deportes existentes, creándose archienemigos e inventando estrategias secretas (aunque supusiesen un riesgo para su integridad que solía acarrear dolorosos resultados) con el único objetivo de llevarse al sobre a Rosita, una tía a la que le llegaba por las rodillas y a la que trataba de sustraer su ropa interior.

Las desviaciones sexuales y la automutilación solamente eran el primer volumen de la enciclopedia de la autodestrucción.

Los Caballeros del Zodiaco revolucionaron el género. Una serie que iba de cómo unos tipos bastante mierdecillas se ponían unas armaduras y se dedicaban a pegarse hasta que ambos adoptaban la misma posición: piernas separadas, ligeramente inclinados hacia adelante, con una de las manos agarrando el hombro opuesto, el brazo de dicho hombro colgando como sin vida y goeando sangre, todo esto acompañado de una respiración sonora y lenta y una armadura un poco más cascada. Os acabamos de resumir la típica pelea entre caballeros.


La serie levantó ampollas, a los padres ya no les hacía tanta gracia que sus hijos viesen dibujos sangrientos... entonces llegó el segundo asalto:
Bola de Dragón, Bola de Dragón Z, o Son Goku, como queráis llamarlo, fue considerada, como hamos dicho hace poco, una de las peores influencias para nuestros niños. El hecho de que Goku se pasase media infancia con el pito al aire, y además tuviese un rabo como el de un babuíno ya se consideraba extraño. Después estaba el tema del Maestro Mutenroy, que era un anciano salidorro y senil al que le sangraba la nariz cada vez que veía unas bufas, y teniendo en cuenta que vivía con una tortuga, un cerdo aún más guarro que él, y una tía que cada vez que estornudaba cambiaba de personalidad podéis tener bien claro que mantenía en uno de los baños su propia unidad de transfusión.


Si avanzamos un poco en la serie ya vemos de todo: a Goku casado con una tal Chichi, a Vegeta dándola pal pelo a la Bulma (mientras el pobre Yamsha no tenía más remedio que azucararse sólo el churro), y hasta Krilin, ligando con la más cachonda de la serie: una robot rehabilitada. Todo esto aderezado por la violencia desatada hasta el más tremendo de los extremos teniendo en cuenta los tiemposque corrían.

Ahí fue cuando empezó a concebir el concepto de otaku como el de un salido ultraviolento y retraído socialmente. Si además nos damos cuenta de que ahí se fue introduciendo el hentai (el manga guarro, que se creó cuatro décimas de segundo más tarde que el manga normal) la cosa fue empezar y no parar.

Hubo series que trataron de sacar de esa imagen al anime, como fue el caso de Kenshin, pero no lo consiguieron del todo. Los Pokemon trataron de convencer a papás y mamás de que los dibujos de amarillos no eran tan malos, pero su efecto moda duró relativamente poco. Luego llegó Naruto y trató de devolver al manga su antiguo esplendor. Ni de lejos.

Shin Chan, sin embargo, sí dio un importante golpe en la mesa con su llegada a nuestras pantallas: un mocoso aún más pequeño que Chicho, más cerdo que Oulong, y que sí conocía a su madre (no como Marco) consiguió acaparar la atención de los medios durante su emisión, principalmente en canales autonómicos. Una fórmula cansina, un dibujo de mierda, unos argumentos sencillamente patéticos, y un bombazo a nivel de éxito. El ser humano es imprevisible.


Los que no eran tan imprevisibles eran los papás del ser humano, que no tardaron en poner el grito en el cielo y estuvieron a punto de que sus padres cedieran a Shin Chan a la ciencia, como sujeto de experimentos. Hablamos de esa generación de padres que adoran el GH y le reían las gracias al anormal de Sardá y su dantesco circo ambulante.

En fin, amigos lectores, como podéis ver, hemos demostrado que, algunos más y otros menos, de niños, todos hemos sido otakus.
Ahora bien, si tú sigues siéndolo te recomendamos que abandones tu casa, te vayas a una farmacia y te gastes todo el dinero que tengas en colirios. Y como te veamos haciéndo un cosplay de esos, te vamos a mantear hasta que los sesos te salgan por e culo.

1 comentario:

nagasia dijo...

con goku los padres la liaron tela, hasta el punto de q la kitaron del medio dia y l apusieron por la noche O_O decian que incitaba a la violencia. Pero se hizo un estudio psicologico y los niños enanos sabían perfectamente que eso de pelearse no lo debian hacer, pero que les gustaba verlo XDDDDDDDDDDD