martes, 8 de enero de 2008

Días D; Vol. 1

Inauguramos nueva sección, titulada "un día en la vida de..." donde comentaremos como és un día en la vida de los diferentes tipos de grupúsculos urbanitas.

El día del gafapasta


Se levanta por la mañana, baja al quiosco a comprar El País y llega a la cafetería de siempre. Mientras le sirven el café cortado y una pulguita de tortilla, va directo a la página de la cartelera y piensa: "Joder, en esta ciudad no hay ningún cine decente..." (en caso de gafapasta provinciano-frustrado). Se acerca a la FNAC y echa la mañana entre discos, pelis y libros. Media de 50 minutos por sección. Llama a su amigo para quedar a comer en el tugurio chino de plaza de España a lo Blade Runner, no se le escapa ni un ravioli con los palillos. Hablan hasta que les echan. Deciden tomar un cafecito por La Latina. Pasarse por la Casa Encendida o el CCCB, según situación geográfica. Saben apreciar el arte contemporáneo por lo que aprovechan para ver exposiciones y consultar miles de folletos que informan de las próximas convocatorias de talleres.(estos folletos le acompañarán por mucho tiempo en su bolso, en una mesa en casa, en la nevera de la cocina...) Temas de conversación: la piratería, el último capítulo de "A dos metros bajo tierra"; cuándo llegará la nueva serie de Lars von Trier a territorio nacional, próximos conciertos... Ya están en la puerta de la filmoteca. Se despiden (el gafapasta siempre va solo a la filmoteca) y se reencuentran en la cola de la taquilla. Se ignoran. A la salida, van a comprar una botella de vino y a la cenita-fiesta de una amiga de un amigo. Pierde dos horas en repasar toda la filmografía de David Lynch con un pibón y cuando va a entrar en acción, ella se va con un modernillo. ¡Horrooooooooooooooooooor! El gafapasta se consuela con el "qué interesante" que ella le dijo.

El día del friki


Se levanta por la mañana, se acerca a su mesa y comprueba cuanto porno bajó la puta mula esa noche. Desayuna algo medio revenido que tiene en su piso, que por otra parte denota una falta de saber estar absoluta, se pone una camiseta de uno de sus personajes preferidos (o con el logo de Punisher) y decide hacer "la ronda". Se acerca primero a su librería especializada amiga para comprobar qué es lo que ha cambiado desde el día anterior y se pasa entre miniaturas, comics, juegos de rol y libros de ciencia ficción toda la mañana. Lo poco que compra se va para su mochila, porque un buen friki nunca sale de csa sin su mochila. Llama a un amigo, uno de esos frikis que trabajan, y se van los dos corriendo a comer a un chino, donde se ríen de los gafapastas de la mesa de al lado. Pagan cada uno lo suyo en monedas de cincuenta y diez céntimos y se disponen a pasar la tarde continuando con la ronda. Paran en el centromail a comprobar las últimas novedades en juegos y se acaban pillando lo más nuevo que encuentran dependiendo de qué clase de frikis ean. Después se van a la tienda de deuvedeses de turno a comprobar qué ediciones especiales han salido. Uno de ellos se lleva la de 300, con el casco de Leónidas, y el otro se compra Hellboy, a la que acompaña un busto que te cagas. Además le echan los ojos a todas las trilogías que ven, y uno se acaba decidiendo a última hora por levarse Horizonte Final en una caja que es igualita al morro de la nave. Se despiden y cada uno llega a su casa. Vuelve a cenar algo similar a lo que desayunó y se prepara para una loca noche de sexo. Comprueba lo que tiene en la bandeja de incoming y selecciona "Cortocircoito", la aclamada peli porno de ciencia ficción, donde Johnny 5 es Johnny 35. Más tarde se conecta al Messenger y habla con la chica que le gusta. Se pone muy meloso, hasta que ella le dice que ha quedad con un conocido suyo, un anormal que va de modernillo. Él se consuela con el "jajajajajaja, tú nunca cambias" que le dice la chica.

El día del culturista


Se levanta por la mañana, desliza dos pequeñas pastillas a su boca y va directo a la cocina. Saca una sartén y se prepara un revuelto de tres huevos con un taco de jamón cocido de cien gramos, a lo que suma un plátano y varias rodajas de piña. Después se va a trabajar. La mayoría de los culturistas buscan trabajos de mañana, que les dejen las tardes libres para ir a lo suyo. A media mañana se bebe un batido de proteínascondetodo y termina su anodina jornada laboral. Al llegar a casa se come su pollo empanado en seis claras de huevo y algo de arroz en blanco, a lo que añaden algunos complejos vitamínicos y un litro de agua. Espera una hora en la sala, viendo lo que sea en la tele. El buen culturista procura que su actividad cerebral sea la mínima a lo largo del día. Pensar cansa. Se vuelve a tomar un par de pastillas y baja al gimnasio, donde se pasa cuatro horas dándole a las pesas y hablando de lo malas que son las pastillas esas que hay algunos locos que se toman por las mañanas y antes de entrenar. No se acerca a cintas o bicis. Sudar es malo. Sudar quema músculo. Al llegar a casa, y tras beberse un batido de proteínas condetdodyunpocomás se prepara para salir. Para ello busca la ropa más apretada que encuentra, para parecer un condón humano y que así las chats se lo rifen. Queda con sus amigos, que no suelen ser culturistas y se pasan la noche de discoteca en discoteca, bailando simiescamente. Al final, uno de sus amigos que va de modernillo se jala al pibón de turno, y él se consuela con el "joder, mira que estás fuerte", que le dijo uno de sus amigos.

El día del pijhopero


La cadena de música vomita unos berridos de doble V a media mañana y el pijhopero se levanta. Tras comprobar que sus padres no están en casa y desayunarse un tazón de leche con galletas y pasa a vestirse. Tras ponerse no menos de 300 euros en ropa (120 zapatillas, 80 sudadera, 30 camiseta, 40 cinturón, 80 pantalones de los que nos abe dionde está su culo y donde están sus rodillas), 40 la gorra y 30 en complementos estúpidos (billetera con cadena, muñequeras...) sale a la calle. Ya casi es mediodía así que da una vuelta por su barrio mirando para la gente. Se entretiene riéndose de los pijos que van por la calle con sus jerseys de Zara y sus tenis de Springfield, ¿cómo se puede ir tan de pijo por la vida?, piensa. Vuelve a casa a la hora de comer y su madre ya tiene la comida preparada. Después se va a la calle a pasárselo de putísima madre con sus colegas, que son todos la hostia de guays. Se van a un parque y se sientan en un banco cinco o seis a fumarse unos petardos y a hablar de lo que molan sus disfraces atuendos, uno de ellos les enseña al resto el pedazo de spray que se ha comprao en la Hip Hop Shop y todos pasan por allí a ver que hay. Tras gastarse unos dineros en unas zapatillas nuevas y un cinto "to wapo", se va con sus colegas a cenar a un burguer y después se compran unas botellas de Bacardi y se montan un botellón. Tras la segunda copa, cuando está ya borrachísimo, va entrándole a toda tía que se presta. Al final de la noche, cuando sus colegas han pillao y él está sólo, con sus cuatrocientos euros de ropa y como pronóstico una resaca que te cagas al día siguiente, recuerda al modernillo que se fue con aquel pibón y se consuela pensando que casi se lía con aquella y con su amiga.

El día del modernillo


Se levanta por la mañana, se acerca a su mesa y comprueba cuanto porno bajó la puta mula esa noche. Baja a desayunar a su cafetería de siempre, donde coge El País y va directo a la sección de deportes. Se lía un porrete y se va directo a la FNAC, donde se pasa media hora cogiendo lo último de lo último y sale a tiempo para llegar puntual a su curso de diseño gráfico por el que sus padres han pagao 9.000 eurazos ese año. Al salir va con un colega a comerse un plato compbinado a la cafeta de la Universidad, porque aún le quedan algunas asignaturas y allí dan unos buenos platos combinaos. Después se pasa la tarde con los colegas fumándose unos petas en un banco y comentando lo que le costó su última sudadera en el Pull and Bear, y en lo poco que duele hacerse un pircing en la ceja. Después él queda con los colegas para cenar un algo y antes se pasa por el gimnasio, donde está media hora y se va con la camiseta de adidas seca, pasa por casa a cambiarse, y comprobar si la mula descargó ya ese jodido porno, se echa algo en el pelo y vuelve con los colegas. Por la noche van a una fiesta al piso de un conocido donde tras fardar un poco de estilo de vida, de billetera con cadena de porros y de lo supermegaguay que es consigue irse con un pibón que llevaba un rato siendo acosada por un gafapasta. Acompaña al pibón al taxi y se despide con la mano. Le queda el consuelo de "ser muy majo". Por último se va a su casa, se sienta delante de su PC, comprueba el rendimiento de la mula, y se azucara sólo el churro.

Por hoy, nos quedamos aquí... pero volvereeeemos...

3 comentarios:

nagasia dijo...

al final en la vida hay q ser tia, q eres kien elige a kien follarse cada dia ._.

El Staff dijo...

Nagasia, que sepas que esa es la mayor verdad que se ha escrito en la historia de este blog.

zonulacatro dijo...

Pues sí, pá qué negarlo...

Aunque también se podría hacer "El día del X chica" que terminarían (todas) algo así como: "Se consuela pensando que si se hubiese decidido antes que su amiga, ahora estaría ella con el chico que le gusta, y no esa zorra"

Má o meno...