lunes, 21 de enero de 2008

Días D; Vol. 2

Hoy volvemos a ilustraros con un nuevo y terrorífico relato de nuestros Días D, donde volveremos a relataros el día a día de los grupos sociales que conforman nuestras urbes.

El día del pagafantas


El pagafantas se despierta por la mañana, comprueba si alguna de sus amigas le ha dado una perdida en el móvil esa noche, se acerca a su ordenador e inicia una presentación fotográfica. Después desayuna su colacao con magdalenas y tira para su instituto, facultad, o McDonalds en el que trabaje. No se despega del móvil en toda la mañana, envía entre tres o cuatro mensajes y cambia de turno. Queda con alguna de sus amigas al principio de la tarde, a la que se dedica a comentar lo malo que es su novio. Después queda con otra de sus amigas a media tarde, esta le cuenta con pelos señales todo lo que hace con su novio. El pagafantas disimula una erección. Antes de cenar queda con otra de sus amigas, juega un parchís y unas damas y se va para casa. Una vez en su casa se conecta al messenger y habla con sus geniales amigasdetodalavida, y paralelamente se conecta al MIrc, donde hace un par de nuevas amigasdetodalavida. Tras cenar y darle un poco al manubrio se dirije a la fiesta de la conocida de una amiga. Como buen pagafantas que es se tira durante horas el rollo sensible mientras los que vande modernillos van desapareciendo con las chicas de la fiesta. Él se queda a solas con su amiga y se van de copas. La noche termina en su casa, muy borrachos, donde la jaca en cuestión se marca un striptease de cagarse. El pagafantas disimula una erección y ríen simiescamente. Pero... ¡es su amiga! Cuando la chica se va el pagafantas se va a dormir con la conciencia tranquila por haber hecho lo correcto y una erección de tres pares de cojones.

El día del bakala


Nuestro amigo el bakala se levanta (ojo, se levanta, no se despierta, hace meses que los efectos secundarios de los "pikachus" y los "supermanes" no le dejan dormir) cuando su minicadena compieza a vomitar el mítico Ecuadorrrrrrrrrrr. Tras salir d ela habitación e insultar a su madre se desayuna leche directamente del cartón y comprueba que no se le han caído ni los tatus ni los piercings, después posa ante el espejo del baño y al poco tiempo ya está en la calle... en el coche. Los bakalas cogen el coche para ir a todas partes, siempre con las ventanillas bajadas y con su puta gorra de anormal, aunque caigan chuzos de punta, su puta gorra de anormal siempre está ahí. Después de comer en un burger y tirarse la tarde haciendo el mongo y moviéndose simiescamente llega la noche, el momento del perreo. El bakala se pone esa camiseta suya que parece un condón, se atusa el pelo cenicero, agarra el casco de la moto con el codo y se dirige a su discoteca amiga donde se pasa toda la noche intentando ser el chico más malo de toda la disco. Desde el "saaaa peñita guaapaaaa" que grita al atravesar la entrada hasta el "hijo de puta" que le grita al portero de turno cuando lo larga impidiendo que logre llevarse a la jaca de turno, la noche dle bakala habrá sido plena. Sólo le queda llegar hasta casa en su Ibiza tuneado a diez por hora y ya podrá tumbarse un rato hasta que le toque volver a levantarse... Ecuadorrrrrr.

El día del pijo


El pijo, al ser de buena familia, no precisa ni de una máquina que lo despierte, sino que la dominicana que le limpia la casa, o en su deefecto, su madre, son quienes se encargan de hacer que el séñorito salga de su letargo. Quizá nadie le despierte... eso es lo que todo pijo prefier, que nadie le despierte. Así, en vez de pasarse toda la mañana gritándole a su madre puede pasársela durmiendo y levantarse para comer. Después de comer, y tras ducharse, ponerse sus Doquers, náuticos, polo de Tommy o similares, peinarse esa horripilante semi melena al estilo Pipi Estrada, a nuestro pijo le an dado ya las seis de la tarde... ¡la hora perfecta para pasarse por el Centro Comercial! Karamelo, Burroberrys, Pololo de Ralph Lauren, El Ninio, Gurrú (estas dos últimas auténticamente infames) son tiendas que suponen un conpendio de olores y colores que convierten la estancia en el centro comercial en una fiesta para sus sentidos. Tras comprar ropa el pijo arranca con su bólido (el que le compraron cuando cumplió los 18, que suele ser un Golf, un Polo, un Focus, un Ibiza o un 306) y vuelve a casa. Tras una breve visita al Club Deportivo es la hora de prepararse para la noche. ES esencial que el pijo estrene ropa por lo menos una vez al día, así que coge lo menos feo que encuentre entre todo lo que se compró por vicio y se va de fiesta, a algún sitio con ambiente, como puede ser Pachá, o Kapital, vamos, a donde va la buena gente. Allí se dedica a soportar a las niñas pijas de su pandilla (es importante recalcar que los pijos suelen tratar exclusivamente con gente de su estrato social). Conversaciones como la siguiente:
- Pijo: Ah, yo ya salí del club deportivo, ¿sabes? Voy allí todas las tardes a practicar pádel con Coto y Borja Luis, ¿os acordáis? Los conocimos en el campeonato de windsurf de Tarifa.
- Pija 1: Vaya, chicos chicos, atención, os invito a todos a pasar el "finde" en el chalé de la montaña. Papá me deja las llaves y lleno el depósito del Porche.
- Pija 2: ¡Ideal! Podemos llamar a Carolina, Bosco, Chusa, Cris...
- Pija 1: ¡A Cris ni loca! Tuvo la desfachatez de presentarse en mi fiesta de cumpleaños con un vestido de Zara...
- Pijo: Parece que ha quebrado la empresa de su padre.
- Pija 1: Dicen las malas lenguas que la han visto comprando en las rebajas... Y tú, rico, deja de pellizcarme el culo que he comulgado esta mañana.

Y una tras otra, tras otra, tras otra, y así, hasta que pasa el típico pibón no pija al que le pega un repaso visual, pero al que nunca se acercará porque sabe que la respuesta será un "quita, pesao", y al final de la noche se consuela con haber rozado mínimamente la carne de alguna de sus amigas pijas, y con saber que hay alguien en el mundo que ha pasado a peor fortuna que él.


El día de la calientapollas


La calientapollas se despierta por la mañana y se despereza. Lo primero que hace es comprobar si su móvil tiene algún mensaje de alguno de los picapedreros que la rondan. Llegado a este punto, si el móvil está apagado es probable que a la chiquilla le de un pasmo. En todo caso, no contestará a los sms, quizá sólo auno... pero será a media mañana, durante una clase, cuando conteste a sus pretendientes con menudencias, pero menudencias que no cierren las puertas en ningún momento. Después de terminar su jornada de estudiante es cuando toca comprobar si las fotos que colgó en internet para que le dijeran lo buena que está han surtido efecto, y tal cual: dos chicos le dan su messenger y otro le dice que le haría de todo. La calientapolals sonríe. Ha descubierto que el ordenador también es susceptible de ser calentado. ESa tarde queda con algún amigo pagafantas al que calienta un poquito y le dice cosas como "eres como un hermano para mí", y ya a última hora, y tras visitar varias tiendas, se encuentra con que debe llamar alas niñas para salir esa noche. Las niñas no son exactamente amigas suyas, pero ellas sí ienen algo en común: son todas más feas que la calientapollas y todas la odian pero tratan de aprovecharse delos restos que va dejando. Ella a su vez las utiliza para destacar y tener una legión de seguidoras. Es un tipo de mecanismo simbionte. Tras calentar a varios chicos en las discotecas, sacándose una foto con algunos, dándole su número a otros, mientras sus amigas la miran con facciones dignas de Edward Norton en American History X, termina por vislumbrar a un chico. ¡Sin duda, ese chico tan guapo será el hombre de su vida! La calientapollas acaba su jornada enrollándose con algún tipo mazo mediocre, porque el hombre de su vida le dio largas... pero ahora hay un nuevo hombre en su vida, con el que ya no se llevará pasados dos días, pero que la llena de ilusión. Finalmente la chica llega a casa en taxi y manda algunos mensajes por su móvil antes de dormir.

Y aquí acaba nuestro post de hoy, pero no quisiéramos dejaros sin antes recordaros una cosa:

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