miércoles, 27 de febrero de 2008

Días D; Vol.3

Hoy, en Paarnoia con Patatas retomamos nuestra sub-sección de Días D, dentro de nuestra aclamada sección de Fauna Urbana. Hoy, concretamente, hablaremos de el día D de los emos, las jessis, los opusinos, los paletos tejanos y los viciados.

El día del emo



El emo se despierta por la mañana, quizá a las diez, quizá a las once... ¿a quién le importa?, piensa, "da igual, podría morirme ahora mismo y nadie se daría cuenta". "Jaimito cariño, levántate", le despierta su madre. Al niño emo no le gusta nada que su madre le despierte, por lo que tras insultarla un poco se quita su colorido pijama y se va a desayunar con el resto de su familia, a quienes mira siempre cabizbajo, como si no le entendiesen y el mundo se hubiera terminado la tarde anterior. Sí, cuando los emos se ponen el pijama, resulta que éste es de colores, pero esto casi nadie lo sabe, porque nadie ha visto nunca a un emo en pijama (salvo si calificamos directamente de pijama la emo fashion habitual). Tras desayunar y discutir con su madre sobre las propiedades cancerígenas del jabón procede a ducharse siguiendo el siguiente razonamiento: si realmente provoca cancer sus padres se arrepentirán un montón de haberle hecho ducharse. Genial. Y toda esta mierda sin llegar todavía a clase. Nadie dijo que ser emo y tener una vida triste y desinteresada por defecto fuese fácil, es más, los emos te dirán que es la hostia de jodido, sobre todo si tenemosen cuenta que no hay ningún Dios ahí fuera que vele por ellos. En fin, tras varias horas de collejas, media hora de ostracismo, y otras horas de collejas el niño emo vuelve a su casa sin haberse atrevido a acercarse a la chica que le gusta. Por alguna extraña razón, el emo piensa que si fuese más sensible todavía la tendría en el bote... por un momento se planteó fingir ser homosexu... No. El filete rebozado con patatas de su madre le devuelven a la realidad. Nadie le quiere. ¿Para qué querer a nadie? Tras terminar de comer se recluye en su habitación e introduce un par de fotos en su fotolog, donde postea un par de comentarios sobre su horrible existencia, algún poema, y aprovecha para haceles la rosca a sus únicos amigos amigos fotologgers. Esa noche queda con sus amigos emos para pillarese un trancazo y aspirar humo de porro de una botella. Completamente vestido de blanco y negro, con corbata, gorra, trantes y pinchos el emo se viste para mostrar su sensibilidad al mundo. Más tarde ve ala chica que le gusta. No se atreve a hablar con ella. Así que recuerda ese pensamiento que tuvo durante la mañana, y estando en brazos de un joven efebo es sorprendido por su amor platónico, quien le despide sonriendo y añadiendo que "no sabía que eras gay".


El día del opusino



Suena el despertadror a las ocho de la mañana, el opusino se despierta "en tienda de campaña" y procede a levantarse de un salto y a darse una ducha de agua bien fría, siempre ayudado por su amiga la esponja. No hay nada como un frío chapuzón para acabar con una erección. Tras esto se encierra en su alcoba y se pone el cilicio. Al principio duele un poco, para cuando se ha puesto los náuticos y el polo el dolor casi no existe. Ahora le queda acrcarse a... ¿la iglesia más cercana? No, gañán imberbe, no. Los opusinos no van a la iglesia más cercana, sino a la Estila que por censo les corresponde. Una vez allí se encuentra con sus adinerados amigos de La Obra, con quienes ha juf¡gado al golf en múltiples ocasiones, y con los que tiene planeada una excursión para esquiar al pirineo aragnés. Después se dirige a su centro de trabajo, puede que sea un banco, un hospital, un bufete, una universidad, una empresa de telecomunicaciones o la bolsa madrileña; sea como fuere, camino allí su muslo derecho sufre. Sufre en primer lugar por esa ejecuiva mañanera, en segundo lugar por esa universitaria que llega de salir con una borrachera fina, sufre por esa otra universitaria que acude a clase, y por último sufre por esos infantes a la puerta del colegio privado de turno. Pero el dolor purifica, así que llega a su puesto de trabajo con una sonrisa en la cara y una canción en el alma. Allí, tras invitar a todo el mundo a unos interesantísimos "ejercicios espirituales" y tras alabar las grandes ideas de Fedeguico Guimenez Losantos, y lo malos que fueron los etarrunos del 11 M, el opusino vuelve a su casa a comer. La tarde la pasa entre la ya mencionada estila (donde alecciona a los jóvenes miembros de la obra para que sigan los caminos del señor) y luego se recluye en su domicilio a escuchar Radio María y a almidonar su ropa. A la noche había quedado con unos amigos de esos que monseñor Escrivá no aprobaría, con lo que a fin de salvarse del fuego eterno decide llegar una hora tarde y volver más bien temprano. Son las doce y media cuando el opusino se encuentra con sus amigos, que ya van algo cubas, así que él se bebe un par de copas, dicute sobre la ridícula pena que les cae a las rameras esas por abortar y... acaba entrándole un pibón de tres pares de cojones. Sus amigos, que parecen no dar crédito observan durante dos horas como el tío no da el paso de irse con la jaca... hasta que los dos se van agarrados del ganchete. Los colegas del opusino se van contentos por su amigo, pero al día siguiente se darán cuenta de que habían sido los sesenta euros peor invertidos de su vida, y es que la puta ni le había dado un beso al opusino.

El día del paleto tejano



Cletus se despierta al lado de su hermana, que a la vez es la madre de sus hijos y procede a acceder al selón de la vivienda de sus padres, que también lo es de sus tíos, donde las cunitas se acumulán y los llantos se suceden. Tras abrocharse el peto (un auténtico redneck duerme con el peto puesto) decide salir al porche, donde la abuela Gladys ha pasado la noche meciéndose en su hamaca armada con una escopeta de cañones recortados. Tras desperezarse y cagar (los tejanos cagan en el retrete, el retrete lo tienen en el porche) decide que es hora de acudir a trabajar a su hacienda. Abre el candado que cierra la puerta de su ranchera y, tras subir a una oveja al asiento del copiloto se dirige a su centro de trabajo: la granja de su tío abuelo Ed. Allí, tras ordeñar a las vacas, recoger la vendimia y pasar el tractor, con una única paradita para follarse a una gallina de corral, termina su jornada laboral y vuelve a casa con su oveja. Allí se dedica, en primer lugar, a su principal afición: las armas de fuego. Hace tres años un hombre entró por la noche en su casa. Hoy por hoy el pizzero sólo puede hacer entregas en casas con rampa. Antes de la cena da un paseo por la campiña para observar detrás de unos arbustos a las fornida hija de su vecino, que al mismo tiempo es sobrina suya por parte de su hermana Jocelyn y termina su hercúlea jornada de trabajo tras darle algo de ginebra a sus hijos para que se duerman y él poder sobar la peluda barriga de su mujer, que se haya en evanzado estado de gestación.

El día del viciado



09:01 - 10:00 - Jugar
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23:01 - 00:00 - Jugar
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01:01 - 02:00 - Jugar
02:01 - 03:00 - Jugar
03:01 - 04:00 - Jugar
04:01 - 05:00 - Jugar
05:01 - 05:01 - Pestañear (esto es lo más parecido que hace el viciado medio a dormir, por supuesto, en ese tiempo no le da tiempo a soñar, pero si lo hiciese lo haría con Lara Croft).
05:01 - 06:00 - Jugar
06:01 - 07:00 - Jugar
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