jueves, 13 de marzo de 2008

Casio y su aportación a una generación desenfadada

Damas y caballeros, hoy os recordaremos algo que os parecerá la repanocha, hoy hemos hecho memoria, ayudados por el siempre cojonudo Internet... y es que ¿recordáis los relojes Casio?
Sí, lo sabemos... ya van dos veces en una semana que obviamos el principio de para qué recordar tu infancia si siempre te ha parecido una mierda... pero, ¡joder! estas maquinitas se lo merecen porque... ¿quién no se sentía el rey del mundo con uno de estos?
Y es que es verdad. Si había dos cosas en el mundo que un niño anhelase desde lo más profundo de su alma eran, por un lado, el teléfono de Zack Morris, y algún otro complemento que facilitase tu vida y arruinase la de tus profesores, como por ejemplo los cacharritos de los que hablaremos hoy.

Daba igual cómo lo hubieses conseguido. Podían habértelo regalado por la comunión, podías haberlo ganado en una de aquellas maquinitas no tan trucadas de las ferias, podías haber pagado quinientas pesetas por el en un mercadillo, o habértelo comprado en la tienda oficial de Casio... El resultado era siempre el mismo: un reloj de plástico duradero y convincente.
Hoy os hablaremos de los modelos más inspirados de Casio, esos que fueron vomitados en apresuradas reuniones de ejecutivos llenos de prisas.

El Casio con calculadora



Imagínate. Un mundo de operaciones imposibles al alcance de tu mano, con solo tocar tu reloj. Este genial invento era uno de los motivos por los que una persona podía hacerse popular (salvo si era un frikazo de la hostia, en cuyo caso era más ridículo). Si eras del montón pero tenías un reloj con calculadora eras el centro de atención ante cualquier operación matemática que se le pudiera plantear a un niño en el recreo, y en clase de matemáticas eras el pequeño granujilla que vivía por encima de esa ley impuesta por los poderosos.

El Casio con mando a distancia



La alternativa para obesos mórbidos y bribonzuelos era el reloj con mando a disancia comercializado por la archiconocida y malvada (no finjáis no saberlo...) casa japonesa.
Y es que por no levantarse del sofá, vuestro amigo "el piraña" haria lo que hiciese falta; y el pseudo personaje/payaso/mascota de vuestra clase siempre podría sabotear las cases de inglés y las de religión, poniendo aquellos dibujos geniales de la hormiga atómica y aquél pobre y descorazonado oso hormiguero o aquellos sucios autos locos...
En fin, que lo del mando a distancia era un puntazo. Sin duda el más socorrido de la gama, aunque uno de los menos habituales de tener (siempre había algún cabrón que lo tenía... y a ti se te ocurrían cosas tan grandes que hacer con uno de esos...).

El Casio de los videojuegos



Este reloj asombraba a propios y extraños. No sólo te permitía evadirte en clase o en misa (donde no podías hacer uso de ningún otro reloj de pulsera), sino que por lo general ni tus padres sabían muy bien de qué iba el tema del relojito y los botoncitos.
La realidad es que el tema, por así decirlo, molaba. Vale que sólo tenía dos juegos, uno de marcianos y otro de ir conduciendo en plan macarra, pero... ¿y lo que molaba?
Por lo genera tus compañeros de clase eran quienes compartían ese secreto contigo... por un módico precio. Al final de la mañana ese reloj tenía en su reverso sudor de por lo menos seis personas diferentes, y un análisis odontológico de la correa hacía ver que másde tres individuos la habían mordisqueado con vigor.
Tener esto era lo más parecido que existía a los sms.

El Casio con agenda de la hostia



Este ya era algo así como el reloj para espías, como los primeros móviles con cámara, que todo el mundo se creía James Bond y ahora no la usa ni su putísima madre.
El Casio con agenda era una evolución del Casio con calculadora, pero se trataba del arma definitiva para copiar en tus exámenes: mientras manipulabas tu reloj durante una media de dos minutos ibas leyendo todas y cada una de las plabras que te había llevado hora y media introducir y que eran un total de catorce. Vamos, una pasada. De hecho, su popularización llevó a maestros de medio mundo a advertir antes de los exámenes que no se permitía levar relojes de esos con agenda... no era para menos. Con esa pedazo pantalla y esa facilidad de maniobra, sólo podría ser superado por un Casio con periscopio, o con detector de radares.

En fin, ya hemos recordado viejos tiempos, así que ahora os toca recordarlos a vosotros.

2 comentarios:

Steve Zissou dijo...

On-diá! q mitico!! recuerdo q en mi primera comunion me regalaron el clasico casio y una master system (aunq esto ultimo no venga al caso). tengo un amigo q cuando eramos unos polluelines se dedicaba a hacerse con todos los casios q podia. del q mejor recuerdo guardo es del q tenia mando a distancia por la risera de cambiar d canal en establecimientos provocando la ira del personal (q tiempos akellos).

Itzi dijo...

Yo todavía llevo el mío con agenda en la mochila, por si acaso se me queda el móvil sin batería, para saber en qué día y hora vivo, y el número de mi casa, que siempre es útil saberlo.