sábado, 20 de septiembre de 2008

Pelis que molan: Karate Kid

Sábado sabadete, toca dejar de hablar de mierda para hablar de una peli de estas que molan. Como ya sabéis, porque tenéis la mala costumbre de leer los títulos de los posts, vamos a hablar de esa obra, que más que una película es una lección de budo en inmágenes, titulada Karate Kid.

Kuden kuden kuden


Daniel es un joven con cara de niño que se muda a California con su madre y pronto consigue, por un lado, lo que los frikis como vosotros jamás conseguiríais, una jamelga buenorrilla ochentera un poco mayor que vosotros, y por el otro, aquello de lo que siempre recibíais dos tazas: palos de vuestros compañeros de clase, que envidiaban vuestra condición de seres superinteligentes. Vamos, que por un lado era fácil identificarse con Daniel san.

Así que el chaval acaba conociendo a un vejete entrañable, Miyagui san, que se presta a enseñarle karate con vistas a un torneo. Para ello se dedica a tener puteado al chaval, encerando coches, puliendo madera, pintándole la valla y la casa, ayudándole a ganar equilibrio y sazonando todo su entrenamiento de enseñanzas orales.



La cosa culmina con un brillante torneo en el que Daniel san se convierte en campeón tras derrotar a esos seres deformes y acnerosos que le zumbaban al poco tiempo de llegar a California. Éste es el último combate, contra el último de los malotes, que pa más joder se beneficiaba antes a su chicuela. Una de las escenas más míticas de la peliculota.



Ahora que os hemos cascao una breve sinopsis, vamos a dejaros clarinete por qué es incluso mejor que os saltéis vuestra clase de artes marciales para pajilleros y os visionéis este filme, y lo vamos a hacer rescatando sólo dos de las muchas enseñanzas orales que se pueden extraer de The Karate Kid, que como os contemos todas no la veis ni jartos de grifa.

No hay malos alumnos, hay malos maestros: Tanto Miyagui San como Kreese, el sensei del Dojo de los Cobras son excombatientes, de la segunda guerra mundial y de Vietnam respectivamente. Sin embargo, el primero de ellos salió de la guerra como ganador pero habiendo perdido moralmente, con una medalla al valor y habiendo perdido a su mujer y a sus hijos; sin embargo, como todos los excombatientes de Vietnam, el otro tarado llegó como un perdedor, pero totalmente convertido en un yonki de la adrenalina, al que le importa una mierda todo lo marcial. De hecho, ni sus alumnos lo aguantaban, por melón, y fue el único que no felicitó a Daniel San después de cascarle los dientes a sus alumnos.

Escúchame atentamente, Charlie


Entrenar para no tener que pelear: Muchas artes marciales se basan en demostrar al que te va a zumbar que está equivocado. Nunca en provocar la pelea ni en machacar al que te intenta pegar, sino simplemente en no tener que pelear, melones.

En fin, amiguetes, que si no habéis visto el filme deberiais correr a verlo, y dejaros de caralladas, por las razones que ya he dado y por algo que es tan real com la vida misma: todos hemos dido Daniel san.

... crecí en los ochenta y sobreviví, haciendo la grulla de Karate Kid

2 comentarios:

ShaneLee Lane dijo...

Yo rompi varias narices con un golpe que pega Hillary Swank en la III entrega de Karate Kid (era la 3º? XD) cuando se enfrenta a un pavo de instituto super musculado xD. En fin luego dicen que las peliculas "de artes marciales" no enseñan nada... si la peña viera como mi hermano ha aprendido cosas con Lei en Tekken XD

Besos Emparanoiados

Kal Zakath dijo...

Hombre, esta era la peli famosa, pero la auténtica es "Retroceder nunca rendirse jamás" con Van Damme haciendo de malo y el adolescente de turno aprendiendo artes marciales del espíritu de Bruce Lee, los ochenta son impagables.

Saludos.