martes, 7 de octubre de 2008

Las Sex Shops

Hoy, en PcP, porque nosotros lo valemos, vamos a hablar de un tema que, dado que sois unos salidorros y una pandafrikis sin vida social, encontraréis muy pero que muy interesante. No, no vamos a hablaros de aquélla serie de televisión de Nikita, no. Vamos a hablaros de las Sex Shops, esos lugares en los que no os atrevéis a entrar por si os enamoráis de un consolador con forma de pepino.

"Madre mía, nunca había visto tanta carne junta"

Eso es lo que piensa el ser humano común cuando entra en un sex shop. En una de estas tiendas, el negocio es la pornografía (vuestra amada pornografía) y la cacharrada de tipo sexual, como disfraces (no, no creemos que tengan uno bueno de Darth Vader), o condones (os explicaremos lo que son otro día); pero a veces tienen también cabinas para ver pelis porno (ya me contarás qué gilipollez) o espectáculos para quienes gustan de ver marranadas en vivo sin la necesidad de correr al campus de su ciudad y esconderse detrás de los parquímetros.
Títulos como "Cortocircoito", "Semental, querido Watson", "Si voy con la que te doy", o "De aquí a Camboya es lo que mide mi..." son habituales en estos establecimientos.

El amable encargado



Suele ser el tipo de gafas de detrás del mostrador. Otras veces es el tipo de gafas que está fuera fumando un pitillo. Puede ser que la tienda sea suya o que esté contratado para atender, en cualquiera de los dos casos, suele ser un tipo al que en el resto del barrio miran como un cerdo, y que está de la pornografía hasta el ojal.
La realidad es que suele ser de los tipos más normales de los que puedes encontrarte dentro de una de estas tiendas, vamos, un tío corriente, como tú, o como Lenny, que lo único que quiere es que no vayan demasiados personajes, que le paguen a fin de mes, y que las amigas de su madre no le vayan nunca a comprar.

El prevertido

El pervertido está tan acostumbrado a no tener sexo y a verlo por la tele que va para encontrar cosas raras. "Hot Dogs", "Doscientos kilos de placer", "Cincuenta años de experiencia", así como versiones poco conocidas de la cinta que llevó al estrellato al Burro Gozón están entre sus pretensiones de compra.
Su aspecto desaseado, sus gafas gruesas, si voz quebrada y su olor a requesón terminan por completar la estampa: un auténtico tormento para los sentidos.

El fetichista

El fetichista es un asiduo del sex shop. No busca pornografía ni marranadas similares, no es mucho más selectivo: ropa y calzado (mucho calzado).
Cómo distinguir a un fetichista de un travesti: si se prueba el calzado, es un travelo.

El hombre que nunca estuvo allí

Este personaje es bastante habitual en un sitio como éste. Suelen entrar tres o cuatro al día.
Se trata de un hombre al que le abochorna la idea de que le vean entrar en un sex shop para satisfacer sus curiosidades o necesidades sexuales, que una vez dentro, deambula hasta encontrar su objetivo, que suele depositar en el mostrador en voz baja. Nunca pregunta el precio, y muchas veces, antes de irse sin llevarse una bolsa, pide al amable tendero que "lo envuelva para regalo".

El friki

El friki es uno de esos tipos que pasa por delante de la tienda pero nunca entra. No le interesan los juguetes, le dan asco las cabinas esas de marranadas, le ponen nervioso las mujeres, y sabe que en su casa, con su Emule y su mano derecha tiene suficiente.



Las chicas de la fiesta

Normalmente son chicas. Normalmente son jóvenes. Pueden acudir al sex shop por dos motivos: o bien quieren comprar un regalo de cumpleaños para una amiga, regalo que acaba consistiendo en un quita-penas, o para ataviarse para una despedida de soltera y comprar gorros con polla (top ventas) con los que abochornar a su enamorada amiga.

El monstruo

El monstruo es algo así como la versión definitiva del pervertido. Esposas, máscaras de cuero, bolas de goma con correa, y cualquier otra cosa de las que te podrías encontrar en el sótano donde retenían a Butch y Marcellus en Pulp Fiction vienen siendo sus "necesidades".



La jaca de la cabina

La jaca de la cabina suele ser una especie de actriz porno en prácticas que se dedica a marcarse stripteases o a hacer guarreridas para el deleite visual de los marranazos que se sientan en cabinas sin ser vistos.
Desde PcP vamos a darles un consejo a estas chicas, un consejo que ha ayudado a otros en otras situaciones: cierra los ojos y piensa en cosas bonitas.

El sector limpieza

Dicen que existen sólo dos trabajos peores que el de ser el encargado de limpiar un sex shop: vendedor del Círculo de Lectores y vigilante de la hora (son dos trabajos en los que siempre se están rifando bastos y en los que te llevas toda la muestra). Y es que limpiar estos sitios suele conllevar la obligación de limpiar las cabinas en las que los clientes disfrutan de las proyecciones y los espectáculos en directo, que, como o simaginaréis, dañan más al cerebro que la cama de Álvarez Rabo en uno de esos días en los que no tiene putas ganas de levantarse de la cama.


Y aquí acaba nuestro post de hoy. Ya os hemos presentado a todos y cada uno de los tipos de personas que se pasean por estos cuchitriles, que, como ya sabéis a estas alturas, dejaron de ser personas hace tiempo. Este comentario moralista ha sido patrocinado por la Hermandad de Moscas del Apocalipsis

2 comentarios:

zirasart dijo...

...y los que van buscando popper, sea para lo que sea

ShaneLee Lane dijo...

Buenoooo si sabes lo que Popper es porque lo has mencionado xD. Una amiga trabaja en un sex shop... y el dia en el que se caso su mejor amiga le llevo llaveritos estos de pollas pequeñitas... y yo con la coña le solte.. ah mira como la de tu marido xDDDDDDDDDDD.

Ais que risa me he echado con las frases del Post xD

Saludos emparanoiados