sábado, 11 de octubre de 2008

Los peligros del gimnasio

Exacto. Aunque no os lo creáis, existen lugares en vuestras urbes en los que la gente acude para practicar deporte... pagando. Es algo intrínseco del friki el hecho de que, si os ponéis, podríais asimilar la ideosincrasia de razas com los rodianos o los vulcanianos, pero jamás entenderéis qué puede mover a un ser humano presuntamente normal a practicar deporte por placer. Nos quedaremos con que es algo que sucede y punto.

Cuando el friki llega al gimnasio llega motivado por dos cosas: su endocrino, que sabe que tiene las arterias como las rejas de una freidora; o la necesidad de comerse un rosco que, digan lo que digan las mujeres, es más sencillo si eres un tronchamozas musculoso como los que redactamos diariamente este blog, que si eres un obeso mórbido y granujiento como los que nos leen.

El friki medio llega al gimnasio ataviado con alguna camiseta de un grupo de heavy, unos tenis más grandes que él, un trapo de cocina (no tenía toallas a mano o no sabe donde las guarda su madre), y con el firme convencimiento de que su estado físico sólo podría mejorar.



El gimnasio. La última frontera. Nuestro friki se alza ante un maremagnum de máquinas dubitativo, sin saber muy bien qué hacer, "podría usarlas todas, jejeje, si es que no puede ser tan difícil". Absorto en estos pensamientos se hallaba el paria de turno cuando fue sorprendido por uno de esos personajes que en la vida diaria harían que todos nos partiésemos el ojete, pero que en el gimnasio parece que hay que contentar... el monitor.

El monitor

Tras una breve presentación y un poco de charla envolvente de esas que sólo los vendedores de coches y los monitores de gimnasio saben hacer, el frikazo se va hacia las máquinas convencido de que el monitor es muy majo y con una lista de ejercicios que deberá realizar... y que acostumbra a comenzar con un cuarto de hora de movimiento... Que majo parecía el monitor y que hijo de puta resultó ser.

De hecho, otra de las cosas que pronto descubrirás que gusta de hacer el monitor (TODOS los monitores) es ayudar más a cualquier veinterañera apretada que a ti o a otros tipos del gimnasio. Además de que a tí, cuando te explique los ejercicios no te tocará. Nada. Pero eso entra dentro de lo cómodo. Entendedlo: necesita darse alguna alegría de vez en cuando, y lo más cercano a eso a lo que puede aspirar es a deslizar la mano sobre el brazo / muslo / espalda de una clienta de buen ver... algo que, por otra parte, vosotros no haréis en vuestra puta vida.

Tu ríete ríete que te voy a dar pal pelo


Por algun extraño truco de control mental, el usuario del gimnasio quiere contentar al monitor, que acostumbra a ser un gañán que piensa que la tibia es un tipo de cerveza. En ese afán de contentarlo, las posturas se corrigen cuando está cerca, los estiramientos se hacen correctamente... todo para que no te de la chapa (y te la dará igualmente) con la murga esa de las lesiones.

Las lesiones

No, las lesiones no son sólo una trola de la WWE para que sus luchadores tengan vacaciones de vez en cuando. Las lesiones existen, y pueden estar esperándote a los pies de cualquiera de las máquinas. Conceptos como el de "contractura", "fibrilar" u "condromalacia", no tardarán en hacerse familiares para vosotros, que lleváis años sabiendo que la "tríada" es la mafia china, y que lo más parecido a una pelota que habéis tocado ha sido una tableta de chocolate.

Recordad que para evitar las lesiones debéis estirar como os diga el monitor (si es que tiene tiempo el condenao, o está muy ocupado sobando niñas) y hacer las cosas despacito y con buena letra. Y sobre todo, tener suerte y no padecer accidentes.

Los accidentes

Nunca Al Capone tuvo tanta razón como el día en que le dijo a aquél policía que los accidentes ocurren; y en un lugar lleno de pesos móviles y máquinas con poleas, creednos si os decimos, que los accidentes ocurren.

Lo primero, y partiendo de que eres un inadaptado social, es que nadie te va a ayudar a hacer los ejercicios, con lo que es probable que estés sólo cuando te pase algo. Un día se te va a quedar la barra encima del pecho y no la vas a dar sacado. Te vas a dar cuenta de que el monitor, que está picando piedra unas máquinas más allá no te hace ni puto caso, y que gritar te dejaría quedar como un anormal (más aún). Así que te ves, con unas pesas encima del pecho y sin poder pedir ayuda en un gimnasio. ¿A qué te hacía gracia cuando le pasaba a otro en la serie de turno? Pues ahora estás jodido, y no te diremos como salir que luego nos demandais porque os lesionáis haciendo el mongo.

Dentro del tema de los accidentes debéis prestar, especial atención, al peligro que suponen las mujeres con mallas. ¿Un peligro? Claro, para detrut-tores como nosotros no son un peligro (bueno, salvo el día en que Petrovski atropelló a uno por mirarle el culo a una marrana, cácácácá, que risera madre...), pero para el friki común son una fuente inagotable de controversias. ¿Cuántos frikis se han caído alguna vez de la cinta por preguntarse si la chica apretadilla en cuestión estaría mejor de Pícara o de Elektra? Seguro que varios de nuestros lectores ahora mismo tienen la mirada perdida en el teclado y la cabeza gacha... los demás estarán empezando a sudar.

Probabilidad de accidente aumentando


El sudor

El lector medio de Paranoia con Patatas suele tener, por el mero hecho de caer en esta página, un problema con la sudoración corporal. Sus manos acostumbran a estar mojadas, y subir una cuesta suele dejarles la espalda como una piscina. Sin embargo no está acostumbrado a sudar a lo bestia, sí todo el día, pero no a lo bestia. Es por esto que la deshidratación es uno de los mayores peligros del friki cuando comienza a hacer deporte. Contra lo que te pueda decir tu sentido común, sudar no provoca cáncer ni ninguna enfermedad contagiosa, así que vete acostumbrándote, porque algún día tendrás que... ya sabes que, y así te vas entrenando.

Sudad, cabrones


En definitiva, que ya os hemos dado motivos suficientes para que no visitéis un gimnasio ni en la vida real, ni en el Sims, ni en el GTA. Es por esto por lo que, quizá, si queréis molar, deberíais atender al producto que nos van a ofrecer los señores Ortega y Pacheco, de O&P Management.








Mañana, más consejos saludables en Paranoia con Patatas.

1 comentario:

Roger dijo...

Ocho ocho ocho ocho, vuestro dinero lo metemos en el chocho, jajajajajaja