domingo, 21 de diciembre de 2008

Cuento de Navidad - Volumen 1

- ¡No! - Scrooge arrojó la teleguía contra su televisor de pantalla plana y volvió a sentarse en su sofá. Hasta los cojones me tienen de la Navidad, sólo da disgustos - gritó - estoy harto de Ben Affleck, de Adam Sandler y del pesao de Robin Williams... joder, con lo de puta madre que estuvo Halloween... ¿ya que es Navidad, por qué cojones no ponen La Jungla o El Día de la Bestia?

Federico Scrooge de Peláez tiene veintiseis años. Había sido hijo único, y había crecido como lo que los profanos gustan en llamar "un friki". Su infancia se había desarrollado entre cómics, capítulos grabados de Dragones y Mazmorras, cintas como Los Cazafantasmas y muñecos de GI-Joe. Con el tiempo, los Mortadelos dieron paso a Spiderman, de Spiderman a Lobo, y de Lobo a Predicador... Conoció AD&D, el Mundo de Tinieblas, el Final Fantasy, la serie B, la necesidad de la caballería ligera en un ejército de Elfos Oscuros, cómo bajarte en el primer turno una Dragón Codicioso jugando con una baraja del Ciclo de Urza y que el sentido de la vida, el universo, y todo lo demás era 42.

El día 24 de diciembre de 2008, Scrooge se las había ingeniado para no acompañar a sus padres a casa de sus abuelos y, lejos de estar de puta madre, estaba realmente jodido. Se temía que iba a tener que verse los DVDs del Caballero Oscuro, los cuales estaba reservando para otra ocasión, pero el hecho de que el WoW estuviese desierto, unido a que Cruz y Raya le parecían cansinos a más no poder, estaba acorralándole. Sí, eso haría, se vería a Batman y al Joker dándose de palos y luego se paparía las varias horas de contenidos extras.

Federico se dirigió a su habitación, donde guardaba como oro en paño su colección de DVDs. Allí estaba la última de Batman, justo después de 300, que a su vez se encontraba después del Laberinto del Fauno... ai... echando la vista atrás en la hilera de cajas de su colección no pudo evitar pensar que los ochenta habían sido grandes años para el cine...

El sonido del timbre le sacó de sus recuerdos. Por un momento se asustó, nunca sabría por qué, pero se asustó. Encendió la luz de su habitación y se fue acercando hacia la puerta. Según se iba acercando, quien quiera que estuviese al otro lado volvió a timbrar, lo que precipitó que Federico pegase su ojo a la mirilla. Desde ahí pudo verle. Se trataba de un tipo de unos cuarenta años, no muy alto, con grandes patillas, y peinado estrafalario, no le veía las manos, pero podía ver como el humo ascendía por delante de su cara, por lo que rápidamente dedujo que estaba fumando. Vestía una gabardina de un beige pasado de moda, y lo que parecía un jersey marrón con capucha.

"Otro mormón" - pensó Scrooge sin poder evitar recordar cada vez que le timbraba algún testigo de Jehová tratándo de endiñarle su publicación Atalaya - "como venga para darme el número de Despertar de septiembre a finales de diciembre lo desgracio...".

Nuestro amigo friki se decidió definitivamente a abrir la puerta, encontrándose cara a cara con el desconocido. Había acertado, aquél tipo estaba fumando un puro, pero no llevaba ninguna publicación encima. Vestía guantes marrones y unos pantalones muy apretados que le recordaron rápidamente a los de Europe, a quienes conocía por casualidad, de haberlos visto en un vídeo de Gigatrón.

- ¿Si? - dijo Federico.

- ¿Federico Scrooge?

- Sí, ¿y usted es?

- ¿Yo? Soy el mejor en lo que hago, pero lo que hago no es muy agradable, ¿captas?

El joven freak reconoció esas palabras. Las reconocería donde hiciese falta. Él mismo las había dicho en alguna ocasión en su librería amiga, acompañándolas de una risotada de complicidad con el buen tendero. Sin embargo, que se las dijese un yonkazo con patillas antirreglamentarias a las once y media de la noche del día de nochebuena en la puerta de su casa no le había hecho gracia. Por esto, tras retroceder un poco, decidió cerrar la puerta rápidamente, sin que el extraño hiciese nada por evitarlo.

- Chaval, que no tengo toda la noche, invítame a pasar - sonó la voz desde el otro lado del umbral.

Federico reaccionó retrocediendo en el más absoluto de los silencios, sin poder evitar que no dejaba de ser una gilipollez, puesto que el tío sabía de sobras que estaba allí. Podía oir el zapato del desconocido al otro lado de la puerta, dando rítmicos golpes en el felpudo... ¿El zapato? Ahora que lo pensaba, el tipo aquél ni siquiera llevaba zapatos, sino que sus pantalones se prolongaban hasta la punta de sus pies, como unas mayas de esas que se ponen las jamelgas en las pelis porno... Y esas patillas... esa nariz, esas cejas... sonaba absurdo, pero ¿el día del orgullo friki no era en mayo? Scrooge se encontraba sumido en estos pensamientos, con su espalda pegada a la pared cuando lo oyó. Esta vez no era el timbre. Era un sonido metálico. SNIKT! Acto seguido vio como la cerradura de la puerta cedía, cayendo al suelo de su pasillo, y contempló aterrorizado como ésta se iba abriendo lentamente. SNIKT! El extraño había roto su cerradura y abierto la puerta de par en par y Scrooge estaba cagado de miedo.

- ¿Lo...? - musitó nuestro protagonista mientras sus piernas le fallaban, viendo como su espalda se deslizaba por la pared hasta terminar sentado en el recibidor.

- Logan, chaval, Logan, ¿donde puedo colgar la gabardina?

- ¿Logan? Joder... pero esto es una locura...

- Sí bueno, pero no es mí locura, además, yo soy el de Byrne.

- Mira, tío, esto es una ida de olla, y tu has entrado en mi casa, así que voy a llamar a la policía - dijo Scrooge mirando para el teléfono, sito en una repisa del recibidor.

- ¿Este es el teléfono? - dijo Logan.

- ¡No no no no! Que ya me sé como termina esto... Vale venga va, eres Logan, Lobezno, o como quiera que te llames ¿Pero qué cojones haces en mi casa? Joder... tío, que me has jodido la cerradura, a ver que les digo ahora a mis padres...

- Vamos a ver, chaval, cuélgame el abrigo, y busca un cenicero, que además de la cerradura te voy a terminar por joder el parqué.

Federico se levantó y cogió el abrigo del visitante, colgándolo en el perchero de la entrada. No entendía nada, pero en cualquier caso el tipo aquél parecía ser quien decía ser. El traje marrón y anaranjado, las patillas, la capucha que no era tal, los guantes con esos ribetes metálicos, un cuerpo atlético y una edad realmente difícil de determinar.

Tras empujar la puerta y poner el paragüero haciendo de tope se dirigió a su invitado.

- Así que tu eres Lobezno.

- Sí, bueno, como ya te he dicho, el Lobezno de Byrne.

- Esto... por supuesto, el de Byrne, el otro lleva el traje amarillo.

- ¿Qué otro, chaval? - dijo Logan dándole una larga calada al habano - Anda vamos a sentarnos que tenemos que hablar.

Federico encendió la luz del salón, apagó la televisión, y ambos tomaron asiento en dos sillones gemelos.

- Vengo a comentarte un par de cosas, chico.

- Esto... pero entonces tú puedes regenerarte todo el cuerpo? ¿Cualquier parte?

- Sí, pero no venimos a eso, como te iba diciendo...

- ¿Y lo del Adamantium duele?

- Sí, chaval, sí, joder, ¿por qué carajo tenías que leerme a mí cuando eras un puto crío?

- ¿Qué quieres decir?

- Nada... - suspiró.- Mira, rarito, yo hago las preguntas, que soy el del exoesqueleto y las garras retráctiles. Tú das las respuestas. Como ya te he dicho, "soy el mejor..."

- Sí ya, en lo que haces, he leído esa frase miles de veces, es de Claremont.

- Me cago en la puta... No, no es de Claremont, que ni siquiera sabes quién cojones es Claremont, que a lo mejor es hasta negro, que no lo has visto en tu puta vida. La frase es mía, y punto - Logan se había cabreado de verdad, decidió incluso apagar el puro hundiéndolo en el cenicero de Pórtico que le había facilitado Federico. - Vamos a ver, ¿por qué no has ido con tus padres a ver a tus abuelos al pueblo?

- Es que es un coñazo, la cena, lo de los regalos, aguantar a los criajos de toda la familia...

- Te entiendo, los niños son un coñazo...

- Sí joder, estos además son de los que cuando vienen por casa, mi madre les termina regalando algo... hace unos años le dio a mi primo el Millenium que guardaba desde finales de los ochenta.

- Te entiendo, Scrooge, pero tú también fuiste niño, ¿o es que no lo recuerdas?

- Sí claro, pero eran otros tiempos.

- ¿Cómo que otros tiempos?

- Sí tío, no teníamos ni cincuenta canales de televisión, ni cientos de muñecos, ni estaba Shrek, ni Pixar, ni videoconsolas, ni tantos juegos...

- Ya, pero tú no tenías hermanos, ¿recuerdas como te entretenías?

- Hombre claro, recuerdo el CinExin, que te entretenía más de lo que te puedes imaginar; recuerdo el Telesketch, que por cierto, estoy intentando pillarme uno clásico por EBay; los Masters del Universo, con aquél He-Man con petardos; recuerdo cuando mi padre me puso Tron, una peli cojonuda; el cubo de Rubik...

- Puto cubo...

- No te creas, va todo por algoritmos... yo ni puta idea, pero en youtube hay unos tutoriales buenísimos...

- Continúa - Logan parecía más interesado ahora, estaba rescatando el puro desde el fondo del cenicero y sacando un mechero Zippo de sus pantalones.

- Bueno, eso, que teníamos otras cosas, ahora los niños tienen tanto y tan variado que no saben como entretenerse. Luego además estabais vosotros en los cómics, que también ibais entreteniéndonos, y bueno, solíamos quedar con los vecinos y los amigos para jugar al Twister o a la Carnibola.

- ¿La carnibola?

- Sí, era una planta carnívora, que tenía bolas negras y rojas dentro, tú tenías que quitárselas sin que te mordiese, así, con cuidado, algo así como el Tozudo.

- Há... el Tozudo, me encantaba ese juego - sonrió Lobezno - luego Júbilo lo hizo volar por los aires... Bueno, me decías que por aquél quedabas con los amigos para jugar.

- Sí claro, y hacíamos batallas y torneos entre muñecos, hacíamos cuarteles con cajas del Día, hacíamos mezclas de todo lo que había por la cocina...

- ¿Y ahora qué es de esos amigos?

- Ni idea, la verdad, con algunos me saludo, con otros no, es que joder, yo luego fui perdiéndoles la pista, no nos gustaban las mismas cosas...

- Vaya, nadie me dijo que fueses marica...

- ¡No soy gay! Quiero decir que a mí no me iba lo de salir por la noche y tal, prefería jugar al ordenador, verme expediente X, o alguna peli que molase.

- Bueno, pero eso no es cosa mía - dijo logan exhalando el humo del habano - cuéntame Scrooge, ¿echas de menos esos años?

- ¿Ser niño?

- No, ser niño no, ser niño y estar con niños que eran como tú, no como ahora, que eres un niño de veinticinco años...

- Sí, la verdad es que sí... - Federico se había sentido un poco ofendido por el comentario, pero pensándolo friamente, Lobezno decía la verdad.

- ¿Y no echas de menos las navidades, cuando eras tú el que recibía los regalos y el que cuando iba a casa de sus familiares mayores les jodía los muñecos aquellos con pelo natural?

- Sí bueno, la verdad es que sí, pero eran otros tiempos...

- Eran mis tiempos, chico, los ochenta. Y ya he hecho mi trabajo aquí, es hora de que el viejo canadiense se vaya.

- ¿Tu trabajo aquí? ¿Joderme la cerradura y llenarme la sala de humo?

- Eh... sí, bueno venga, acompáñame a la puerta que voy a por mi abrigo.

- ¿Ya te vas? ¿Tantos años leyéndote y vienes a mi casa, me sueltas un rollo moralista y te largas?

- Sí chaval, sí, disfruta de las fiestas.

- ¿Puedo hacerte una pregunta?

- Dispara...

- ¿Cómo es montárselo con la Bruja Escarlata?

- Ese no era yo.

- ¿Perdón?

- No era yo, yo soy el de Byrne. Ese era otro.

- Ah sí, Frank Cho... - recordó Scrooge desviando su mirada al suelo.

- Frank Cho, Frank Cho... su puta madre... yo lo máximo que podía hacer era insinuarme a Jean Gray sin que el "ojete" aquél me viese...

- Ya bueno, lo siento...

- Sí, yo también siento que seas un tolai. Bueno, que me voy, que encantado, y déjame un paraguas, que están cayendo chuzos.

Logan se despidió y Federico esperó a que llegase el ascensor para cerrar la puerta y volver a empujar el paragüero evitando que se abriese sóla. Tras hacerlo respiró profundamente, recordó los juegos de sus primeras navidades, recordó como esperaba a la noche de reyes para poder abrir sus cajas, montar los clics de playmóbil, los mecanos, y ponerle las armaduras a los Caballeros del Zodiaco, que era más complicado que todo lo anterior...

Nuestro amigo Federico no tuvo más remedio que salir de sus pensamientos al tiempo que el corazón le daba un vuelco dentro del pecho: algo había atravesado el ventanal de su salón y los cristales habían saltado hasta el pasillo. Sus padres lo iban a matar.

Continuará...

2 comentarios:

Oj0 Poderoso dijo...

wow...

me encanta la frase evolutiva del frikismo.

Denis dijo...

jejejejeje

...el Logan de Byrne, que recuerdos. Enga esa segunda parte pa cuando? coño