jueves, 4 de diciembre de 2008

Nosolohéroes

Está claro que hay una serie de cosas que os ponen palotes, socios: las mujeres, sin importar su edad o condición física; las armas de cualquier tipo; los Ultimates; y los héroes. Sí, los héroes, y no sólo los de Tim Kring. Nos referimos a esos grandes personajes que marcaron a fuego en tu mente títulos como Arma Letal, Alerta Máxima, La Jungla de Cristal, o Rambo.

Todos los héroes acostumbran a ir rodeados de una peli cojonuda, de esas llenas de macizas al estilo Baywatch, y con más explosiones que diálogos, pero ninguna de ellas sería lo mismo sin el héroe. ¿Te imaginas el motin de un acorazado sin Ryback a bordo? ¿Y un intercambio de drogas en México sin la posibilidad de que irrumpa el mariachi? ¿Acaso te imaginas una invasión de xenomorfos de la que no nos defienda Ellen Ripley, o a un ejército medieval luchando en solitario contra hordas de esqueletos? No, es obvio que no.



Pero al mismo tiempo, ¿qué sería de Hiro sin Ando? ¿Y de McClane sin Allen? ¿Y de Riggs sin Murtaugh? ¿Qué sería de Ash sin su palo de fuego, o de Íñigo Montoya sin su espada? ¿Qué sería de James Bond sin esas mujeres? Está claro. No serían ellos. Como Superman tampoco sería Superman sin Lex Luthor, ni nos preocuparíamos por lo que hiciese John Connor si no fuese porque está ahí el Terminator. Puede que Batman no fuese nadie sin la Bat Cueva, y que los X-Men no pudiesen rendir sin esa escuela de jóvenes talentos.

Es por esto por lo que, aunque el que os pone palotes es el héroe, el protagonista, el tío molamucho, hay más cosas en esas películas que tipos como Bruce Campbell, y hoy, os las vamos a recordar, colegas.

El colega

Por lo general, quienes luchan sólos, mueren sólos, es por esto por lo que, salvo que hablemos de Gary Cooper o Sean Connery todos los héroes necesitan, en mayor o menor medida un compañero. Un colega que cuando la chica lo deje plantado se lo lleve a una barra americana (los héroes no van a llorar sus penas a sitios como el Café París) y que se ponga en peligro cutremente para al final, en algún momento, lograr abatir, al sicario de turno.



En otras ocasiones, el colega está sólo un paso por debajo del héroe. Vamos, que si no sabe aikido, kempo y judo, a lo mejor es campeón de boxeo, y que si el otro es Ranger de Texas, el colega es un simple Seal, pero vamos, que va toda la película al tran-tran del héroe.



Un hecho cierto, público y notorio, es el que el colega acostumbra a ser el objeto de los chistes malos del héroe, sirviéndole como "bastón" para los tramos cómicos (como el de Conan, que mira que no era tirillas ni nada el condenao) y como decorado cuando alguien tiene que jibarse a la chica.

La chica

Puede que sea la mujer del protagonista, una playmate que acabe de salir de una tarta enseñando las mameyas, o incluso una campesina de un pueblo perdido en las montañas, pero una cosa es segura, la chica es la chica, y el protagonista está dispuesto a pelarse el culo por salvarle la vida o para demostrarle que es el puto amo y que tiene dos opciones, malgastar su juventud y belleza o dejar que le meta mano.



Es curioso, pero cada vez está más de moda que la chica sea una mujer independiente, de estas que salen en El Diario de Patricia diciendo que no son sólo un cuerpo bonito porque son licenciadas en derecho por Oxford, pero que, tal y como ya le pasó a la princesa Vespa con Lone Star, no pueden hacer nada para acabar en los brazos del héroe y de su arma.

El arma

En un mundo eminentemente falócrata (que no falófago, desgraciao), el arma es, simplemente, el final del brazo del héroe. El arma va a definir al héroe: Harry no es nadie sin su Magnum 44, el Sable Láser identifica a Luke, a vosotros el trankimazín...



Una regla sencilla a la hora de pensar que arma va a usar el protagonista es la de "cuanto más grande mejor" (siempre, y el que diga lo contrario es que la tiene pequeña), además, los héroes no tienen problemas de espacio, porque no viven en un piso como el tuyo, sucio que eres un sucio, que aún estás encontrando lonchas de chorizo del San Martín pasado, sino que tienen una guarida.

La guarida

Un héroe no puede ser un héroe todo el puto día, joder, ni aunque sea un bombero, es imposible. Y para cuando nuestro héroe no ejerce de salvavidas debe tener un sitio en el que refugiarse. Puede que sea la comisaría de policía, el compartimento de carga de un trailer que viaja por la autopista constantemente, una nave a salvo de las máquinas, o un paraje olvidado del Polo Norte, o como en tu caso, una tienda de campaña improvisada con las sábanas de la cama atadas al cabezal...



Lo importante es que sea un lugar recóndito donde no pueda encontrarte ningún sicario.

El esbirro

El esbirro típico es Ray Liotta en Uno de los nuestros, un tipo que desde que tiene uso de razón sólo quiere ser un hijo de puta a sueldo. Por lo general, en las pelis que nos molan a todos, el esbirro standard tiene un entrenamiento exahustivo en explosivos, es cinturón negro de algún arte marcial exótica, ha servido en algún cuerpo de élite, como los marines o la guardia civil, y es capaz de derribar un avión comercial con la mirada. Además, por alguna razón, que suele tener que ver, en principio, con ganarse el favor del jefe, y después con alguna suerte de deseo de venganza, le coge tirria al prota y acaba muriendo a sus manos.



Hay actores que si no fuesen por este arquetipo no tendrían carrera como tales. Danny Trejo y Al Leong son buenos ejemplos, tipos que viven siempre a la sombra del malo final.

El malo final

Cualquiera que haya jugado a cualquier videojuego (decente) sabrá qué es el malo final. Hans Gruber es el malo final, el Doctor No es el malo final, el Joker es el malo final. El malo final es ese tipo que lleva toda la historia puteando al héroe. Puede que le mueva la envidia, la venganza, el hambre, o simplemente la providencia, que ha situado al héroe en el radio de acción del villano.



Gustan de gastarse un discurso mezcla de paternalista ("le voy a dar un consejo, señor Bond, espero que le sirva") y de promoción personal ("llegado este punto nada puede detenerme"). Éste tipo es el que siempre acaba muriendo de una forma un poco más espectacular que los demás malvados que salen durante el metraje.



En definitiva, que no sólo importa el héroe, sino que es fundamental ver la película como un todo, porque ni Michael Knight era el auténtico protagonista del Coche Fantásitco, ni Martin Brody era lo más importante de Tiburón.

1 comentario:

Cinéfilo7 dijo...

que guay tu blog.
Lo he descubierto pasando por el blog de arso y esta muy bien.
te felicito.
saludos!!!!!!!!!!