martes, 6 de enero de 2009

Boom Boom Boomer, el Superchicle

... Boom Boom Boomer, Mucho Más Chicle
... ¡Boom Boom Boomer!


Qué pasa, pataliebres, aquí estamos, a pleno dái de reyes, para estimular vuestras memorias. Vamos a viajar a un tiempo mejor. Un tiempo pasado. Un tiempo en que los coches rápidos y los ligues de una sola noche estaban reservados para James Bond, y donde los canis y los emos no tenían cabida (bueno, técnicamente los emos tampoco tienen cabida ahora mismo). Unos tiempos en los que la Coca Cola era Coca Cola, y no Coca Cola Light, ni Zero, ni Sin Cafeína... y sobre todo, donde no era Coca Cola Light Sin Cafeína... Ese fue el día en que dejamos de creer en la Coca Cola. Algo así nos pasó con los chicles.

Intentad, si tenéis tiempo y si al salir a la calle los niños no os tiran piedras, acercaros a alguno de los kioscos de vuestra sucia ciudad. Una vez allí, observad los chicles. Fresa, menta, clorofila, algunos más osados de melocotón, otros de moras... todos sin azúcar.

Nuestro botijo del tiempo nos envía hoy a 1992, año en que el mundo funcionaba de otra forma, más sencilla y mejor, y en que los chicles eran chicles de verdad, del tamaño de ladrillos, y de medio centímetro de grosor, no como los de ahora, que parecen papel de fumar.

En esa época, sólo hubo una empresa capaz de lidiar con los adictos a la goma de mascar en nuestro país. Hablamos, claro está de los señores de Boomer.



Claro, chicles, pero... ¿quién es el señor que aparece en la imagen? Se trata, joven imberbe, del muñeco de Boomer, el único hombre que podía rivalizar con Dhalsim en un concurso de estiramientos, uno de los grandes iconos publicitarios de la historia, capaz de rivalizar con muñecos como el poderoso Señor Ding Dong o el malvado Muñeco de Michelín. El nacimiento de este hombre responde a la necesidad de la época de crear una mascota que popularizase los productos destinados a infantes, así teníamos a Chester, en leopardo de Cheetos, y a Quicky, el conejo salidorro y pedófilo de Nesquick. Boomer era uno más, pero su poder, similar al de Reed Richards, le daba bastante juego.



La verdad es que el muñeco de Boomer caló hondo en la moral de nuestros jóvenes. Sin ir más lejos, Almudena, de Málaga, una de nuestras múltiples lectoras, le ha dedicado recientemente estos versos: "Atiendan a como retozaba por el campo, salvando vidas de infantes... ¡Qué elasticidad! ¡Qué cuerpo apolíneo! ¡Qué bacanales tenia liadas por forestas y bosquejos! Rodeado siempre de ninfas y ambrosia de caucho saboreado..."

Pero, ¿qué nos ofrecía el muñeco de Boomer? Chicles (por lo menos a nosotros, sólo chicles, no sabemos a nuestras lectoras). Pero chicles de verdad, no esas mierdas que recomiendan los dentistas... lo cual nos hace pensar en qué cojones les da a los dentistas autoridad moral para recomendar nada, si son unos cabroncetes que de pequeños disfrutaban atormentando a animales pequeños... pero ese es otro tema.

Los señores de Boomer supieron afrontar como pocos una época en la que acudir al kiosco de tu barrio era una fiesta para los sentidos. Frigopieses, polos Drácula, antihigiénicos bummer flashes, lacasitos, conguitos, phoskitos, lenguas de gato, regalices gigantes y tigretones configuraban un cóctel de olores, colores y sabores que se adueñaban de tu persona y te nublaban el juicio (nuestros lectores echan la vista atrás y piensan sobre la posibilidad de demandar a La Casa y a Frigo por sus años de obesidad mórbida infantil... ). En estos tiempos, los mandamases de Boomer tuvieron que arriesgarse y dar el salto, ¿y cómo lo harían? Con sabores.

Manzana ácida, fresa ácida, coco, cola, mandarina, melocotón, melón, clorofila, natillas, frutas del bosque, fresa, menta... ¡los mascaría todos a un tiempo!


Seamos serios: en aquella época, Happydent era un subproducto para mariquitas, como Orbit o Trident. Pfff... la gente cuando compraba un chicle quería mascarlo, por eso Boomer les meaba por encima a sus parientes pobres en glucosa. Sin embargo, eso no implicaba que nuestro amigo azulado, elástico y aparentemente tronchamozas mantuviese una posición de monopolio. No. Vamos a recordaros a su más acérrimo competidor:

"Jugaron susio, cabroneeee"


Exacto: Bubbaloo. Un chicle con froma redondeada que contenía un sabroso liquidillo en su interior y que estaba realmente de puta madre. El problema: su precio, 10 pesetas, por sólo 5 de nuestro clásico amigo. Puede que en algunos colegios de pago se estilase, pero no era la tónica habitual.

De todas formas, y pese a que su posición dominante no se vio en peligro en ningún momento, Boomer decidió innovar sacando al mercado un nuevo formato de chicle: el kilométrico.



Está claro que cualquier joven de la época, lo primero que hacía al comprarse uno de estos era poner a prueba su nombre. Quizás fuese el comprobar el engaño, el que de metro y medio de chicle a un kilómetro hay cierta diferencia, o quizás fuese una conspiración judeo masónica lo que hundió los chicles Boomer en beneficio de los del xilitol o ziritione, o lo que sea que tienen los que hacen ahora. Una vez más, un grupo de freaks nostálgicos demuestra que todo tiempo pasado fue mejor.

No nos querríamos despedir sin antes dirigirnos a la lectora de la que antes hablábamos. Almudena, agradecemos tus visitas, esperamos que algún día encuentres a un hombre que te haga sentir como hacía el muñeco de Boomer. Agradecemos que nos hayas sacado de dudas sobre el alcande de su poder (ni Dhalsim ni Mr Fantástico llegaron a desvelarlo nunca). Por último, recordarte que leer PcP a diario es cosa buena, sobre todo para la salud. Cienes de féminas están satisfechas con el resultado de la lectura diaria de nuestra página, un claro ejemplo es Sara, de San Juan de Aznalfarache.

De gordamocha a sueño de friki en sólo un año.
¡Garantizado!


Al resto, recordaros que paranoiaconpatatas@gmail.com sigue a vuestra disposición para cualquier ruego, sugerencia, colaboración o carta contándonos lo que os salga del nabal.

3 comentarios:

nagasia dijo...

el kilometrico me lo metia de pequeño de una sola sentada en la boca :O

xDDDDDDDDDDDDDd

Langui Juela dijo...

es jodido mascar tanto chicle pero meterselo entero en una sentada, debia dejarte el culo superpringoso, no?

Mellington dijo...

Bubaloo (muy parecido al nombre de una conocida actriz porno brasileña) se hizo realmente entrañable con un anuncio de animación ambientado en un espagueti western de los buenos. No me juego el cuello pero creo que salía Bud Spencer versión animación recreado en el anuncio.