martes, 24 de febrero de 2009

Comedias de fin de siglo

En los ochenta se rodaron varias sagas de comedias que hacían las delicias de los jóvenes hormonados y necesitados de fantasías sexuales. Porkys y Los Albóndigas iniciaron una tradición de comedias de juerguistas en pos de chicuelas a las que llevarse al catre que fue continuada durante los años venideros.

Estas influencias ochenteras que supusieron buenos éxitos de taquilla y que fueron reemitidas hasta la saciedad durante la siguiente década, dieron pie a la aparición de un tipo de comedia que se perpetuó en el tiempo, y que en los noventa vivió una nueva explosión. La comedia de la segunda mitad de los noventa seguía siempre un patrón similar, muchas veces único en cada caso, pero el espectador no podía evitar sentirse cómodo viéndolas, porque una vez conocía el género la posibilidad de sorprenderse era nula lo cual nos sirve para recordar lo que decía Philip J. Fry:

"Lo inteligente les hace sentirse estúpidos y lo inesperado hace que sientan miedo. La audiencia no quiere ver algo que sea original, quiere ver lo mismo que ha visto ya tropecientas veces..."


Dicho esto, ¡recordemos esas geniales comedias de los noventa! ¿Todas? No, hemos decidido rescatar sólo 5, las cinco que nos han salido del rábade, por cierto. Si queréis hablar de otra o simplemente quejaros, podéis iros con vuestros bwuabwuabwuas a los comments de blogs a los que les importen.

Dos tontos muy tontos

Jim Carrey y Jeff Danields interpretan a Lloyd Christmas y Harry Dunn, un par de retrasados mentales que ven como sus diferentes empleos se van a tomar por el culo, decidiendo emprender un viaje con el fin de devolver al señor Sampsonite su maletín, y de paso, reencontrarse con la mujer de los sueños de Lloyd.

Recordaremos la escena en que recogían a un malencarado autoestopista, que no era otro que el sicario que habían enviado en su búsqueda.



Austin Powers; Misterioso Agente Secreto Internacional

La primera aparición del señor Austin "Peligro" Powers fue una de las revelaciones de 1997. Las aventuras de ese tronchamozas inglés que era fotógrafo y misterioso agente secreto internacional a jornada partida marcaron una trilogía (hasta ahora) que mola un pegote, principalmente por esa relación de archienemistad entre Powers y el megalómano Doctor Maligno.

Para el recuerdo quedará la escena en la que el Doctor Maligno y Scott acuden a la terapia familiar y tenemos la oportunidad de conocer la historia de ese genio del crimen.



Algo pasa con Mary

Los hermanos Farrelly se marcaron una película que les sitúa por encima de los Cohen y los Wachkowski (ahora hermano y hermana) y lanzó al estrellato a Ben Stiller (que tocaría el cielo con Zoolander). Una película delirante, con cantautor y todo, y cargada de chistes sobre discapacitados, gel fijador (en este aspecto en nuestro país tenemos una imitadora, salió en Callejeros, el programa que, entre otras cosas, ha demostrado que los zombies existen), asesinatos de autoestopistas, accidentes con cremalleras y bolsas escrotales, un perro al que todo el mundo hace putadas, engaños y sucias tretas para hacerse con el amor de Cameron Diaz.

Como escena vamos a rescataros la conversación entre Mary y Healy en la que éste último le explica en qué consiste su trabajo:



American Pie

American Pie debe su nombre a la escena en que Jim se pone retozón con un pastel de mazana. Dio pie a una saga que ha llegado a su sexta entrega, aunque 3 de ellas salieron directamente en vídeo. La cinta de 1996 es una de esas pelis que podéis ver cuando queráis, porque siempre os sentiréis identificados con la historia: los protagonistas se dedican a intentar desvirgarse antes de acabar el instituto, y a vosotros os llega con hacerlo antes de morir. Como detalle friki debemos recordar que Willow confesaba practicar sexo con una flauta... ¿podríais pedir algo más?

Como escena a rescatar os dejamos con esa que genera el más primario de los terrores entre nuestros lectores: la escena en que Jim es sorprendido viendo una pelipo.



Austin Powers: La espía que me achuchó

Mucho más escatológica que la primera parte, con un personaje que habría sido censurado si Isabel Preysler fuese presidenta del gobierno. Nos referimos a ese gordo hediondo y asqueroso al cual, para que no se sintiese vilipendiado llamaban "Gordo Cabrón", el personaje con el que muchos freaks se sintieron identificados ("como porque soy infeliz, soy infeliz porque como, es un círculo vicioso").

Y es que era un personaje que daba para mucho: su afición por comer bebés, su sudoración, su lenguaje refinado y exquisito y, sobre todo, la escena en que Austin se bebía sus deposiciones:



Sí, la verdad es que los últimos años del siglo veinte fueron la risión... y sí, nosotros nos vamos... pero volvereeemos...

No hay comentarios: