miércoles, 25 de febrero de 2009

Mitos de la farándula: Jim "Dragón" Kelly

Hola, sucios freaks que acudís a PcP en busca de algo de comprensión y, pa que negarlo, para ver si ponemos fotos de nuestra musa, Pilar Rubio. ¿Cómo os va?

Pues hoy no vamos a hablar de tetas, ni de culos, ni de manga guarrete, desgraciaos. Hoy es un día para hablar de uno de esos personajes recurrentes a quienes, en el fondo, adorais, lo que sucede es que no os habéis tomado vuestro tiempo para conocerle a fondo. Hoy es un día para recuperar a uno de esos putos amos de las tollinas cuyas películas tienen todo lo que hay que tener para molar: hostias como panes, jamelgas a las que el bueno se lleva al catre sin demasiados problemas, y música estridente. Hoy vamos a hablar de Jim Kelly, el negro de las patadas ¿os hace?

Everybody is kung fu fighting...


Jim Kelly nació en 1946 en Kentucky (como los pollos), pero como aquello eiba a ser como un paseo para un tipo como Jim, terminó por criarse en Harlem, donde pasó sus primeros años metido en líos chungos con tipos más grandes y más cabrones que él. Como tantos jóvenes de barrios marginales, y al igual que el tres veces bendito Danny Trejo, inició su recuperación personal de mano del boxeo, llegando a convertirse en campeón amateur. Sin embargo lo de las hostiacas así directas no terminaba de convencerle, así que comenzó a comprarse revistas de artes marciales y a entrenar como un cabestro, hasta que empezó a sacarse cinturones negros de todas partes. Llegó un punto que le daba igual, Kárate de Okinawa que de Alpedrete, Kempo, lo que fuese con tal de cubrir los créditos de libre configuración.

Tras un breve papel en Melinda, en 1972, su gran oportunidad llegó con Operación Dragón. ¡Operación Dragón! ¡Con Bruce Lee y nuestro chinorri preferido, Bolo Yeung! Era un papel que tenía que bordar. Williams era el nombre de su personaje y, gracias a él, se hizo famoso en el mundo entero. Vale que tampoco era un Hannibal Lecter, ni un William Wallace, pero era SU papel y era la hostia.



En 1974 las productoras se lo rifaban. Ese año rodó, junto con Gloria Hendry (mítica en el mundillo de la blacksploitation), Cinturón Negro, una cinta sobre un grupo de mafiosos desalmados y caciquiles que pretenden cerrar un gimnasio pero deberán hacerlo pasando por encima de Jim... algo imposible en la fecha.



En ese mismo año rodaría también Los Demoledores, película en la que hará frente, junto con sus dos compañeros de fatigas (Fred Williamson y Jim Brown, ex-jugadores de fútbol americano junto con los que daría forma a la santísima trinidad del cine negro setnentero) a un fascista que pretende acabar con la raza negra deslizando un virus selectivo en el suministro de agua. Huelga decir que sus planes serán... ¡demolidos!



Luego vinieron un par de truñetes (no siempre se pueden hacer maravillas) como fueron Alfileres de Oro, una de polis; y Por la Senda más Dura, un crossover entre el spaghetti western y la blacksploitation en la que nuestro prota hacía frente a multitud de peligros. ¿Malas cintas? Sí, pero es que Kelly había comenzado a dedicarse profesionalmente también al karate, participando en varios torneos y ganando algunos de ellos. Tras estas victorias, llegaron, así de sopetón, dos de sus grándes éxitos cinematográficos: Hot Potato, en 1976, y El Samurai Negro, en 1977.

En estas cintas, J.K. encarnaba a un superagente secreto de la agencia D.R.A.G.O.N. (Defense Reserve Agency Guardian Of Nations). En la primera de ellas, Hot Potato, debía salvar a la atractiva hija de un embajador, secuestrada en Tailandia; y en El Samurai Negro, quizás la cinta con el título más bizarro de cuantas protagonizó, debía recuperar una temible arma de manos de un contrabandista maestro del vudú. Como podéis ver, tramas sin fisuras.



En el 78 volvió a interpretar un agente secreto, que en esta ocasión debía desarticular una red de narcotraficantes que operaban a nivel internacional. Volvía a compartir cartel con el gran Bolo... y vaya que si lo compartían. Con ustedes Tattoo Connection.



Y como le había cogido gustete a lo de ser un agente de la ley, Jim Kelly tuvo una nueva oportunidad para salvar al mundo en Dimensión Muerte, donde debía recuperar un microfilm cargado de valiosa información... y su personaje, su personaje era el Detective Ash... Ash... Si es que al amigo le sonreía la vida.



Pero pasó lo que tenía que pasar, y como estrella fulgurante, comenzó a apagarse con la llegada de los ochenta. Sólo le llamaban para remakes y homenajes, secuelas trilladas y malas como el hamnre como "Apuesta Peligrosa" (Los Demoledores 2, con los actores originales... vamos, una fiesta). Para terminar de joderla los jóvenes llegaban pegando fuerte, literalmente, por lo que decidió abandonar las competiciones de karate para pasarse a otro deporte donde difícilmente podía salir ahostiado: el tenis. Y es que Jim "Dragón" Kelly no era tonto. Era como el agua, que fluía. Era capaz de adaptarse. Si la blacksploitation se iba a la mierda, la abandonaba para dejarse caer por cutreseries como "Autopista hacia el cielo"; si su físico no le permitía competir con sus manos, lo haría con su raqueta. Un maestro de la adaptación.



En PcP, por nuestra parte, siempre le recordaremos como el karateka negro, uno de esos héroes olvidados que molaban como pocos. Deseado por las mujeres y envidiado por los frikis. Un puto amo de las tollinas. Un grande.

2 comentarios:

Denis dijo...

Estos polis del sur...


"¿A donde vas NEGRO?".

Je, supongo que después se las apuntarian en la libreta en el apartado de "FRASES QUE MEJOR NO DECIR".

Junto a grandes clasicos como:

"Solo es un cocinero"
"Esta sera una lucha en firme u otra cazeria de bichos"
"Permita que le explique algo señor Bond..."
"Si me tocas te mato"

Y el ya clasico

"No se ofusque con este terror tecnológico que ha creado"

;P

Rare dijo...

El poder afro es la HOSTIA... otro ejemplo de poder afro es Afrosamurai, pedazo de serie!!!