sábado, 21 de marzo de 2009

CCC: Asteroide, el enemigo silencioso

Que os den. Nosotros también necesitamos unas vacaciones como Bruce manda y nos la hemos tomado porque lo valemos. Unos días sabáticos sientan de puta madre, y porque tenemos nuestro corazoncito y nuestras obligaciones morales (¡ja!) porque si no hasta junio ibais a ver por aquí a nuestra puta madre.

Pero aquí estamos de vuelta en PcP, estrenando ciclo, ¿sabéis lo que significa eso? ¿Si? Pues que durante varios días vamos a dedicar nuestra programación a un único tema: el Ciclo de Cine Catastrófico (CCC, si pensábais que os íbamos a traer un curso de conductor de ambulancias sentimos defraudaros). Entre mediados de los noventa y el principio del tercer milenio, la sociedad demandaba películas sobre catástrofes, de esas que tuviesen efectos digitales a cascoporro, en las que monumentos por todos conocidos saltasen por los aires. Por uno u otro motivo esa moda pasó, y hoy en día una peli en la que pringue hasta el gato la van a ver sólo los muy optimistas.

Como si de un telefilme de las cuatro de la tarde de un sábado se tratase, el post de hoy se hace llamar Asteroide: El enemigo silencioso, lo cual nos lleva a plantearnos una serie de interrogantes. ¿Son silenciosos los asteroides? ¿Son el enemigo los asteroides? ¿Por qué Bernard estaba sentado en su asiento en vez de en el baño, que es donde debería estar?

Y es que desde la extinción de los dinosaurios, algo que ha fascinado a la raza humana ha sido la posibilidad de que un pedrusco intergaláctico se estrellase contra nuestro azul planeta y, por ende, nos las hiciese pasar negracas negracas. Correspondiéndose con la fiebre del cine catastrófico surgieron una serie de títulos en los que la raza humana se veía amenazada por estas inertes piedras provenientes del espacio...

¡Ahora es cuando!

Asteroide (1997)



El prota es Michael Biehn, que debe hacer frente a una marea de asteroides que se acerca inexorablemente en dirección a la Tierra. La solución: destruir los asteroides uno a uno a través de rayos implementados en aviones de combate que... sí vamos, una gilipollez.

Por alguna extraña razón, los plastas del tutube no dejan insertarlo, con lo que el trailer lo debéis ver aquí, pero vedlo, eh, cagontodo, que lo merece.

Deep Impact (1998)



El niño hobbit descubre un cometa que va a espetarse contra la Tierra. Mide 11 kilómetros de diámetro, y acabaría su colisión acabaría con la raza humana.

Los rusos, mucho más decididos que los yankis para casi todo, se plantearon rápidamente meterle una serie de pepinazos al pedrusco, y los americanos, sabedores de que el comunismo seguía siendo el enemigo enviaron una tripulación propia para la expedición. Sin embargo, el ataque nuclear resulta ser una birria, y en vez de destruir el cometa lo parten en dos... el trozo pequeño se acabará estrellando en el océano, y provocando un tsunami de tres pares de cojones que se cargaría a un gritón de personas.

Al grande se lo cargaría la nave en una misión suicida de esas que os la pondrían duras a todos si la peli no fuese un pestiño (dejando al margen de los errores que podrían solucionarse con la enciclopedia, como lo de que los asteroides no reflejen la luz del sol y, este ya un poquito más grave, que Ohio esté rodeado de montañas que impidan la llegada de un Tsunami, vamos, esos errores que los frikis analizáis).

Alguno de los redactores de PcP recuerda tener sentado cerca a un gafapasta en la sala que le comentaba a su greñudo colega que era más probable que un asteroide chocase contra la Tierra que que un negro fuese el presidente de los EEUU. Jodeos, putos gafapastas, jodeos.



¡Meteoritos! (1998, también)



El protagonista tiene uno de esos trabajos que les molan a los fracasados como vosotros, uno de esos curros que te permiten dar rienda suelta a tus capacidades e intenciones destructivas: el de volar edificios en explosiones controladas.

Un día decide que lo de hacer explotar cosas está bien, pero que quiere descansar, y se va a un pueblecico tranquilote, de estos en los que nunca pasa nada, ahí, perdido en la sierra con las vaquicas y los burretes. Pero las explosiones no quieren que descanse, y le persiguen hasta ese remanso de paz en forma de ¡meteoritos!

Pero este no será el único problema que deberá solventar el prota, sino que, como en todo pequeño pueblo americano, hay un rico terrateniente que no está dispuesto a que nadie le toquen los cojones, y en este caso, además es el alcalde, que está deseoso de pegar el pelotazo en sus terrenos, con todas las orquestas contratadas para el festival anual, y no va a dejar que esa insólita lluvia letal de meteoritos (que lo de "meteorito" suena a pequeño, pero joder joden eh) le desmonte el tinglado.

Destacar que si algún día os da por ver tremenda basura de película veréis un par de escenas de folleque que ni siquiera permitirán que se salve.

Armageddon (1998, one more time)



Una vez más, un asteroide se dirige hacia nosotros, pero esta vez, tenemos a Bruce Willis para patearle el culo.

Los jerifantes de la NASA han ideado un plan para acabar con la piedra (una piedra tan tocha que también extinguiría a la humanidad). El plan consiste hacer un bujero en el asteroide hasta su centro y poner una serie de cargas nucleares. Tras detonarlas a una distancia prudencial de nuestro planeta, el asteroide se partiría en dos y, como si de una jugada de billar perfectamente ejecutada se tratase, ambos fragmentos bordearían la Tierra sin chocar con ella. La idea era cojonuda. Se les ocurrió a Jonathan Hensleigh y a Robert Pool, guionistas de cine.

Pero, ¿cómo llegar al centro del cometa? ¿Llamando a Nacho Vidal? No. Como los que tenían que cargárselo, por una cuestión de rigor histórico a la hora de salvar el mundo, eran los yankis, pues mandaron a un equipo de norteamericanos sudorosos a hacer el trabajo (a bordo de dos naves, la Independencia, y la Libertad, dos valores presentes en la vida diaria de los americanos), y para asegurarse de que el mundo iba a ser salvado sí o sí, mandaron a Bruce Willis, que esta vez no era ni poli, ni detective, sino perforador petrolífero. Bendita providencia, Bruce, siempre estás donde se te necesita. En cuanto al resto de los personajes, pues oigan, hay que aguantar al plasta de Ben Affleck, pero sale Steve Buscemi y la Liv Tyler tiene un buen buyate, así que el uno por el otro, no queda del todo mal.

La película es una aberración incongruente, argumentalmente predicibilísima y físicamente imposible, por supuesto. Nerds como vosotros sabréis que si partes un piedro de esas proporciones, las partes se atraerían entre sí, y no hablemos de las condiciones de la gravedad en los distintos escenarios. Una vez más: que nadie le dijese nada a Kubrik no significa que esté bien.

No comentaremos nada ni del videoclip ni de la banda sonora, que nos tiene hasta la zoña.

Dios, lo de Ben Affleck es peor de lo que recordábamos


3 Días (2008)



Diez años después, la película en la que un meteorito se va a cargar la Tierra no es americana, es española, así que ya te la pintan parda: no hay ninguna esperanza de vida tras el impacto, y el impacto es dentro de tres días, ¿para qué tocar más los cojones, con tanta crisis y tanta gaita? Enseñamos alguna teta, ponemos la típica escena del cura, de la misa y de las pedanías y los tipos labrando y ya está, película española sobre asteroides lista para el blockbuster.

Más que centrarse en el cometa se centra en un drama familiar, el de los primos del protagonista, que son perseguidos por un tarao, en definitiva, que lo del asteroide es casi como la cortina de humo esa de la que tanto hablaban de Keyser Soze, pues eso.



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Este es un breve repaso al cine de asteroides de finales de los noventa. Si algo aprendemos con cintas como estas es que los americanos no sólo lo solucionan todo, sino que lo hacen con bombas, lo cual es cojonudo.

Mañana trataremos uno de esos fenómenos catastróficos que asustan a Peter Griffin: los volcanes. Hasta entonces, no os pongáis mucho al sol, que luego vienen los dolores de cabesa, y la cabesa, amigos, la necesitáis para imaginaros que tenéis sexo.

1 comentario:

RONIN dijo...

"Alguno de los redactores de PcP recuerda tener sentado cerca a un gafapasta en la sala que le comentaba a su greñudo colega que era más probable que un asteroide chocase contra la Tierra que que un negro fuese el presidente de los EEUU. Jodeos, putos gafapastas, jodeos."

JAJAJAJAJAJJAJAJAJA.