martes, 10 de marzo de 2009

¿Te gustan las películas de gladiadores?

Basta ya de Watchmen y de jerigonzas, basta ya de alabar sus tollinas, sus dos horas cuarenta minutos de duración y el badajo azul del Doctor Manhattan. Vamos a volver a esos temas que interesan a nuestra audiencia y que son, sin dudas, fundamentales para el buen discurrir de este blog.

Hoy estamos aquí para hacer un repaso a un género viejuno y con cierto tinte homosexual. ¿La piratería? No. Cumple ambos requisitos pero no. Vamos a dejar a los piratas luchando contra sus ancestrales enemigos los ninjas para hablaros de los verdaderos superguerreros de antaño: los gladiadores. Hablamos de unos tíos que dedican su vida a comer bazofia y ponerse mazarrones para luchar por sus vidas para el deleite del público (un público que cada vez es menos exigente, porque hoy en día llega con correr una banda para arrancar un aplauso).

Los gladiadores, tipos capaces de machacar a sus enemigos con sus propias manos, tipos que ponen húmedas a las freulins y son envidiados por los hombres. Tipos que viven una vida un tanto triste, condenados a partirse la cara con sus amigotes, pero en serio, no como los del Pressing Catch, que cuando termina la Royal Rumble se van todos juntos a tomarse unas cañas y a partirse el ojete acordándose del Hulk Hogan.

Desde la segunda mitad de los cincuenta hasta la primera de los sesenta, las pelis de gladiadores eran la comidilla de todo el mundo: pelis cojonudas, históricas, y con mandobles de espada de esos que te dejaban los cojoncetes de corbata. Durante estos años se sucedieron diferentes sagas, cada una de ellas protagonizada por algún pedazo de héroe mítico. Hércules, Maciste, Goliat, Ursus, Sansón, todos ellos héroes de la hostia que no tenían problemas en pasarse al cuchillo a quien se les pusiese en medio con tal de terminar el día alcanzando la gloria del Coliseo.

Un buen ejemplo de lo expuesto fue Demetrius y los gladiadores, que se estrenó en 1954, y contaba la historia de Demetrius, un esclavo cristiano que era obligado a ganarse las lentejas como gladiador en Roma, destinado a amargarle la fiesta a Calígula y a jalarse a la chicuela de turno.

"Tu can-ne es morena, tu can-ne está güena"


En 1960 llegó Espartaco, el esclavo que lideró una rebelión de esas cojonudas que se hacían antes de Cristo, de estas que terminaban con todo el mundo muerto y con unos títulos de crédito cargaditos de extras. La película de Stanley Kubrik es una obra completita, donde se destapa el escándalo guarrete cuando se habla de lo de las ostras y los caracoles y la cuestión de gustos y le meto la puntica y todo eso. Su último aporte fue esa gran verdad de que "los negros son más fuertes".

"Tengo un cimbel matutino con la forma de un pepino..."


Si con 300 espartanos se podía acabar con miles de Persas en un desfiladero, imagináos la que podían liar siete en el Circo Romano. Los Siete Espartanos se conocieron en el circo romano, donde Darío ganó su libertad a golpe de espada. Tras su vuelta a su amada tierra descubre como la han usurpado, por lo que para luchar contra el opresor hace unas cuantas llamadas de teléfono, y consigue reclutar a sus seis compañeros de correrías circenses... juntos, forman un grupo más poderosos que los siete samurais, los siete magníficos y los siete enanitos juntos. Juntos son los siete espartanos, y cascan unas hostias... de órdago.

"Y si no, nos enfadamos"


En 1982, el personaje de fantasía heroica Conan, interpretado por ese protagonista de peliculones que es Arnold Swarchzenegger, llegó a la gran pantalla. Conan fue criado como esclavo, pasándose veite años dando vueltas a un molino, así a piñón. Al cabo de ese tiempo, Conan ya comía sandías por los sobacos y era educado (¡ja!) para zumbarse a hostias con otros convertido en un "luchador del pozo", que es como un gladiador, pero en vez de en el Coliseo, en un after frecuentado por sonajas.

"¡Quiero ser condenado a galeras! Torsos peludos, tatuajes, collejas... ¡y un gran remo entre las piernas!"


Pero sin duda, panda de descerebrados, la peli de gladiadores que más dura os la ha puesto a todos vosotros ha sido Gladiator, de Ridley Scott, con esa banda sonora que te pone los pelos del culo como escarpias y esas batallacas entre las cuádrigas de Esipción el Africano, o el maromo aquél de las hacas, y los tigres, y flash, y flash, y Máximo Décimo Meridio y todas esas escenas ultramolonas... En el año 2000, Gladiator retomó un género que molaba y lo hizo espectacularmente, rescatando esas pelis de sandalias de esparto que se pusieron de moda años después, como fueron Troya (cuidado con la rima), Alejandro Magno (en esta no hace falta ni la rima) o 300 (la polla con cebolla).

"¡Zas! En toda la boca"


Aquí termina el post de hoy. Pero después de todo esto, de toda esta testosterona de tiparracos fornidos capaces de hacerse un coyar con los dientes de terminator, os vamos a recordar algo sin dejar de lado el tema del día:



Gina Carano es una diosa. Hasta mañana, frikis.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Y que pasa con Ben Hur?