sábado, 11 de abril de 2009

Los niños, o "por qué las habitaciones de los frikis deben tener llaves"

No es ningún secreto que el friki medio no puede soportar a los niños. Quizás sea una cuestión de supremacía, por aquello de que un friki siempre lleva un niño dentro, o quizás sea por esa extraña tendencia a agarrar cosas, tirar cosas, adueñarse de cosas, comer cosas o despedazar cosas que tiene todo niño. Si a eso unimos las grandes posibilidades que existen de que si un niño está de visita en tu casa acabe por encapricharse de algo de lo que tienes en la habitación (el hecho de que digas que es como la de Ford Fairlane no implica que lo sea, asúmelo, tu habitación es más bien como un Toys R'Us) y tu madre termine por regalárselo por aquello de que tu ya eres mayor. ¿Te suena? Pues eso, que los frikis no soportamos a los niños.

Desde tiempos inmemoriales, los niños han sido el blanco fácil de los desaprensivos. En algunas ocasiones, esos desaprensivos no son otros que nosotros mismos, tipos hartos de ver como se las gastan tarados del calibre del Doctor Muerte, tipos que saben qué hacer cuando un niño les da la lata...



Jajaja, nunca nos cansaremos de ver este vídeo. Y es que cascarle la cara de la niña del exorcista a un niño y luego ponerlo en el tutube es una tentación a la que resulta difícil sobreponerse.

¿Qué? ¿Que no tiene gracia? ¿Que el niño se va a traumatizar? Ya, tu madre tampoco tiene gracia, pero la aguantas, ¿no? Ese, amigo, ese es el problema de la sociedad actual, que sois unos hipócritas promotores de las AMPAS (sí sí, atrás quedaron las míticas APAS). En Japón no lo son tanto, y eso les ha traído ciertos problemas. ¿Qué pasa en Japón?

No, no vamos a hacer referencia a niños que son ayudados por ninjas o gatos cósmicos, ni por niños más salidos que el pico de una plancha. Lo problemático es la tendencia nipona a destrozar las vidas de quienes se dejan ver por un plató de televisión. El viejo dicho de "a Dios rogando y con el japo dando" se aplica a la perfección en los concursos asiáticos, cuyos participantes acostumbran a terminar el programa con el culo más dado de sí que el de un becario de PcP.

El problema japonés empieza cuando en vez de ser los adultos quienes sufren y los adultos quienes se ríen de su sufrimiento, son los niños quienes sufren para deleite de sus papás y de los amigos del curro de sus papás (algo que, huelga decir que en PcP defendemos a muerte). Dentro vídeo.



Imagináos amigos, vosotros que recordáis el primer día de guardería como un infierno que duró meses, lo que sería si tuvieseis grabado a fuego en vuestras memorias el primer día en que fuisteis atacados por los zombies.

Lo que han hecho los nipones en este víde, amigos, no se puede hacer. No se puede hacer. Debe ser algo anónimo, algo que una vez hecho quede en eso, que no dé que opinar, algo que no pase de "huy que putada", y que no de pie a que un grupo de sucios gafapastas debata sobre la indisponibilidad del derecho a la propia imagen de los infantes por parte de sus padres. No. Tiene que ser algo sutil, casi improvisado, como cuando este joven aterrorizó al hijo de su prima sin hacer un despliegue de medios digno de una peli de Uwe Boll.



En definitiva, somorgujos, que debéis hacer que esos jóvenes destroza tebeos y rompe objetos de coleccionista se alejen de vuestras pertenencias, pero debéis hacerlo de una forma que no cause un revuelo mediático. Lo último que queréis es ser la conversación de la cola de la filmoteca, con lo que ya sabéis: putadas, todas las que queráis, pero sin armar mucho jaleo. Es un consejo de PcP. Nos vemos.

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