Parajes inhóspitos: El Paintball
Y es que ayer no escribimos por una buena razón: los componentes de esta redacción abandonamos una tarde de videojuegos y Domino's Pizza para acudir a un campo de Paintball a vivir las emociones que tantas veces hemos visto en televisión. No, hablamos de las pelis de acción, las emociones de las pelipos aún vamos a tardar unos años en vivirlas (el tiempo que tardemos en armarnos de valor y visitar un puti).
Una vez allí, nuestro grupo aguardó impaciente la llegada de nuestros oponentes. Resultaron ser un equipo de una localidad vecina, liderado por un tipo que se casaba hoy y acudía al campo de paintball, seguramente, por última vez en su vida. No sabemos qué puede aportar la vida en pareja que supere a una tarde de paintball... incluso a una tarde de pinball... pero en definitiva, allí estaba el "comando despedida" en su última misión antes de colgar el aire comprimido.
No os vamos a contar cómo terminó aquello. No importa. Unos murieron, otros sobrevivieron, otros padecen cardenales por todo el cuerpo, otros son los llamados héroes, otros villanos. Pero toda esta tarde de destrucción y moratones se diluye en la zona de descanso, cuando la "marcadora" (no les llaman ni pistolas los gilís estos) se dispara accidentalmente. Cosas del curro.
Pero volviendo al tema. Ahora que estamos aquí, ya podemos hacer lo que nos gusta hacer: recapacitar sobre lo sucedido.
Es por esto por lo que hoy, en PcP toca un nuevo post de nuestra serie sobre parajes inhóspitos (en la que curiosamente aún no hemos puesto a parir a ninguna conocida tienda de cómics del centro de Madrid... ejém...), y toca un post sobre el Paintball.
Bueno, ¿sabeis de qué va esto, no? Pues se trata de un juego tan antiguo como la vida misma, y no, no vamos a ponernos gafapastas rememorando las batallas de Aníbal, sino que nos referimos a nuestra vida, cuando jugábamos en el parque a cosernos a salivazos mientras nos apuntábamos con el dedo. Sólo que ahora el parque es más grande, los salivazos son perdigonacos de pintura, y los dedos índices son pistolas de aire comprimido. En cualquier caso terminas el día hecho un asco.
Con esos elementos tenemos a un grupo de conocidos (los frikis no tenemos amigos) que deciuden embutirse en una funda de obrero, ponerse un casco y unos guantes, y pasar la tarde corriendo por el medio del monte, disparándose, arrastrándose y gritando consignas como "fire in the hole" o "a mí no a mí no" toda la tarde. Sabemos que a estas alturas vuestras alertas ya se han encendido: "esto me huele a deporte", pensareis. Ni mucho menos. Puedes estar gordo como una nutria o ser tan inútil como un peine de bigote y pasártelo bien en este juego.

Las reglas del juego te las explica un monitor, que no es como el Sargento de Artillería Hartman, pero vamos, que si lo fuese molaría más. Son reglas bien sencillas, de hecho nos atrevemos a decir que el monitor que nos lo explicó a nosotros no tenía titulación universitaria ni nada. No disparar a menos de ocho metros (si no te saltas esta regla ya ni vayas), no mueres si la bola no explota (matar no mata, pero joder jode que no veais), no hacer el mongolo en sitios demasiado altos como silos de agua o vigas de naves industriales, no quitarse el casco no sea que te hagan un zas en toda la boca, no disparar mientras se retira a quien levante el arma y diga estar muerto (sí, parece obvio, pero resulta bastante complicado cuando estás apostado y atento a ametrallar a lo que se asome), rendirse cuando te digan "ríndete" para no tener que dispararte (nuevamente, si cumples esto habiendo leído que a veces las bolas no explotan y que por lo tanto aún tienes posibilidades de sobrevivir si le cascas un tiro a bocajarro, ya ni te molestes en llegar al campo), y no cargar la pistola con nada que no sean las propias bolas (esta última podían callársela, porque nunca se nos habría ocurrido y para la próxima vamos a ir con una bolsa de canicas).

¿Y como dispara? Pues la verdad es que bien. Si utilizas la mira y las disparas de tres en tres malo será que al menos una no explote y, por lo menos, el desdichado lechón que se encuentra en tu punto de mira se lleve dos moraos de regalo y se vaya calentito para el área de descanso. ¿Duele? Bueno sí, pero joder, la guerra no se hizo para los sarasas. Además, a las chicas les gustan las cicatrices, y los circulitos que te deja cada impacto aún podrás enseñarlos fardonamente durante algunos días.
Está claro que a todos nos gustaría introducir cambios en la mecánica. La posibilidad de calar bayonetas o arrastrar a alguien a una silenciosa muerte por estrangulamiento haría que la jugabilidad creciese exponencialmente. La posibilidad de que en vez de oir grillos escuchaseis la carga de las valkirias haría que ir dar la salida y eyacular fuese todo uno.

En cualquier caso, una vez llegas al campo y te explican las instrucciones ya vas preparándote para ser el tipo que vas a ser durante el resto de la tarde. Esta forma de actuar hará que terminen por incluirte, irremediablemente, en alguno de los siguientes grupos, que hemos bautizado en función de títulos de películas del año 1993 (eran o eso o frutas tropicales, ganaron las pelis).
Mucho ruido y pocas nueces
Suele ser un hombre. Suele ser un burócrata entre semana, aficionado a la historia y con algún interés por el ejército. Suele haber leído a Sun Tzu, jugado al Warhammer, Civilization, Age of the Empires, Starcraft y Commandos, por lo que al ver el escenario es el primero en planear y anticiparse a los planes del enemigo. Suele llenarse la boca con palabros imposibles como "flanco", "yunque y martillo", "finta", "cuello de botella" y "pinza", siendo observado por el resto de sus compañeros como un marciano. Sus consejos acostumbran a caer en saco roto y su plan a desmoronarse cuando cae el primero del grupo, ¿para qué establecer un planteamiento conservador si hemos venido aquí a zurrarnos de lo lindo? Un consejo por si hay alugno de estos listos en la sala: cuando el enemigo tiene el sol detrás... estás jodido.
The Last Action Hero
Suele ser un hombre (al menos genéticamente). Operar sólo, al margen del resto del grupo. Suele correr hacia el enemigo descargando sobre él una nube de titanlux y obviando el hecho de que los obstáculos no están ahí para dificultar su imparable avance, sino para cubrirse de los disparos enemigos. Suele ser el primero en morir.
El fugitivo
Suele ser el más sucio de los subseres que integran uno de los grupos. El mismo que lleva toda la vida eligiendo el Barrett como arma preferida en el Delta Forces. Ha venido al Paintball con la finalidad de salir de allí con menos manchas que la Paellera de los de Villarriba. Se dedica a buscar un obstáculo y disparár desde su esquina, techo, o entre las tablas de madera. Suele pringar miserablemente y no ser recordado por nadie.
¡Viven!
Exacto. Siempre hay el típico cenutrio que muere tres veces por partida. En su contra está que se come unos diez bolazos por partida, pero qué cojones, ¿quién no daría su huevo izquierdo por tener diez oportunidades de sobrevivir en una batalla real? Es retórica, no hace falta que pienses en nadie. En definitiva, es alguien que no ha ido al campo a dejarse matar tan fácilmente pero con el que siempre gusta ensañarse cuando se retira con su arma en alto.
Blanco humano
Suele haber alguien que se gana la enemistad del equipo contrario, convirtiendo la partida en algo personal. Como si llevase puesto un cinturón con diez mil dólares, ese alguien va a ser el objetivo de uno o dos de los miembros del equipo contrario. Se trata del único rol que se adquiere porque el equipo contrario así lo decide, no teniendo en ello nada que ver la voluntad del Hard Target.
En fin, cojonudo juego. Que mola mogollón, lleno de sensaciones molonas y adrenalina, capaz de desencadenar lo que nos gusta de llamar "el reprís de matar". Mola arrastarse, mola cubrirse, mola apuntar allí donde sabes que va a asomar una cabeza. Pero sin duda, y volviendo a las pelis de 1993, lo mejor que tiene es repartir Amor a quemarropa.
En fin, os abandonamos en nuestras ensoñaciones paintbolísiticas. Algún día volveremos. Hasta entonces, un hombre puede soñar... un hombre puede soñar...


































