lunes, 22 de febrero de 2010

Degradación animada ochentera

Sí, lo sabemos, hoy habéis acudido a PcP buscando algo diferente. Algo con tetas, culos y hostias como panes mañaneros. Sin embargo os encontrais con un título nada halagüeño... esto podría apuntar hacia temas aún inexplorados para los lectores del blog, como el reportaje social o las sitcoms al estilo Friends. No deseperéis. Habrá tollinas y, con suerte, conseguiremos colar algun buen buyate entre estas líneas... pero la idea del post no es esa.

Lo sentimos, sin embargo continuaremos poniendo a vuestra disposición nuestra verborrea y grácil dominio del lenguaje castellano para recordar a algunos personajes famosísimos que no supieron lidiar con la fama y acabaron escribiendo hasta el último volúmen de la enciclopedia de la degradación.

Sin ir más lejos, ayer hablamos de Mr T, ese entrañable personaje que abordó vuestras televisiones durante los locos locos años ochenta. Entre sus muchos méritos pudimos reseñar el de protagonizar su propia serie de animación, titulada "Mister T", en la que no sólo se nos presentaba como el azote de los malvados, sino como todo un símbolo americano.



Esto nos llevó a pensar... ¿fue tan raro lo que hizo nuestro mito? ¿Era algo bizarro tener tu propia serie de animación en los ochenta? Los que no conozcáis la respuesta, la intuís: por supuesto que era bizarro... pero casi todos los famosos se agarraban a la pragmática frase de "si no lo hago yo lo hará otro en mi lugar".

Exacto, pequeños petimetres. El poder y la fama corrompen, y la corrupción, tal y como se nos demuestra diariamente con los temas de la crisis económica, el blanqueo de capitales, y el yo te rasco la espalda a ti y tu a mi, lleva a las personas a situaciones bochornosas; por ejemplo, Mario Conde no tardó en sustituír la mamada de las cinco de la tarde por la porculada de las cinco de la tarde, y en el caso que nos ocupa, muchos personajes míticos de los ochenta se vieron arrastrados al ridículo por sus vanas ideas de poder y fortuna, siendo arrastrados hasta niveles sencillamente increíbles. Y que conste que nos referimos a tíos con una brillante carrera y más famosos aún que las calcomanías aquellas con heroína que regalaban a las puertas de los colegios.

De esto trata el post de hoy, de aquellos famosos que vendieron su imagen a la industria de la animación (algo que siempre ha sido mucho peor que vender a tu hija al diablo). Estos, caballeros, fueron los resultados:

Chuck Norris Karate Commandos

El gran Chuck Norris, quien se estaba dejando ver en auténticas superproducciones decidió sacarse unos durillos extras prestando su voz y su imagen a esta serie.



Con una animación que se había quedado obsoleta antes de la emisión del episodio piloto, Chuck Norris lanzó un golpe directo a la parrilla televisiva con su comando de expertos en artes marciales, compuesto por un campeón de Sumo, un samurai, un par de héroes de relleno, un mecánico (siempre hace falta alguien que pueda arreglar la máquina de Coca Colas) y el propio Chuck Norris, quien recorrió un bucle infinito dos veces.

Los capítulos comenzaban siempre en el gimnasio de nuestro héroe, quien introducía el capítulo de cada semana, y allí terminaban, cuando Chuck recitaba la moraleja para que los jóvenes espectadores sacasen algo en limpio. La serie terminó el mismo día en que a Chuck se le acabaron las enseñanzas moralistas: al final del quinto episodio.

The Force of Freedom

Sylvester Stallone fue otro de esos héroes de acción de los ochenta que quiso seguir los pasos del gran Chuck. Para ello contaba con un reclamo infalible: Rambo, ese personaje que había revolucionado la industria de Hollywood años atrás.



Y es que como recordaréis, John Rambo era todo un tío. Tal y como se encargaba de dejar claro el coronel Trautman, se trataba de un soldado experto en la guerra de guerrillas, letal con cualquier tipo de arma, incluso con sus propias manos; un hombre entrenado para ignorar el dolor, para superar cualquier clase de condición meteorológica, para vivir de lo que da la tierra, para comer cosas que harían vomitar a una cabra... uno de los mejores incursores que dio la guerra de Vietnam... más duro que un bocata de adoquines.

Sin embargo esta serie nos presentaba a un John Rambo completamente diferente: uno de los miembros de un comando interracial (no podemos evitar pensar en sexo cuando decimos esta palabra) llamado "La Fuerza de la Libertad", que pretendían ser una mezcla entre los GI-Joe y Greenpeace. Una serie en la que el diálogo más fuerte incluía la palabra "tonto" y en la que la sangre brillaba totalmente por su ausencia. Rambo pasó de ser una máquina de muerte, un auténtico lobo solitario y homicida a ser un mariquita con una cinta roja en la frente.

¿Y los malos? Se trataba de un grupo de tendendcias neo nazis llamado S.A.V.A.G.E. (Secret Administrators of Vengeance, Anarchy and Global Extortion), liderados por un tal Capitán Caos... Pero no os engañéis, pese a todo este más que meritorio currículum eran un grupo de girl scouts si los comparamos con los Ewoks... incluso si los comparamos con los Osos Amorosos (que no son más que los primos payos de los peluches de Endor).

Hulk Hogan's Rock and Wrestling

Exacto. Hulk tampoco pudo resistir el empujón de la animación ochentera. El colega de Mr T sucumbió ante la industria televisiva justo cuando su figura pública parecía alcanzar cotas de fama sin límite.



Como habéis podido ver, la serie era mala con ganas, con una animación que podría haber sido realizada en una zona desmilitarizada de Somalia, un guión que por no tener no tenía casi ni líneas de diálogo (a la mayoría de los personajes los doblaba el mismo fulano), y un André El Gigante (nunca te olvidaremos) que hacía de villano de turno.

Y no creáis que después de ver esto se dio cuenta de que todo en la vida tiene un precio, y que comprarse un Hummer puede ser la hostia pero no si tienes que salir a la calle con una bolsa de cartón en la cabeza para que los críos no te tiren piedras; es más, como todos sabéis, hasta hace poco mantuvo un programa en la cadena VH1 en el que se dedicaba a mostrar las intimidades de su familia y a hacer el ganso para deleite de los siempre aburridos espectadores americanos. Él se dedicaba a quedar como un gañanazo sin remedio y su hija a quedar como lo que es...



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Estas han sido pequeñas muestras del poder corruptor de los dibujos animados. No creáis que es la única fuente de corrupción, no hay más que ver a todo un príncipe de las tinieblas como Christopher Lee mendigar papeles cutres por el mundo adelante; o a un icono de masas como Espinete ofreciendo su amor de erizo en la casa de campo.



Hasta mañana, frikis.

1 comentario:

Hasseo dijo...

Desde luego, el poder corrompe... y estas series daban vergüenza ajena... bufff.

Sin embargo, que grandes personajazos xD Mr T., Chuck... grandes grandes.

Hasseo