domingo, 27 de junio de 2010

La picadura del avispón verde

Esta mañana nos hemos despertado en la redacción como todos los domingos: borrachos como lémures y con un extraño olor a oso panda en el pelo y la ropa. Así, como un domingo cualquiera, nos hemos sentado ante el ordenador central, revisado nuestro facebook, nuestro twitter, nuestra cuenta de correo, nuestros cinco perfiles de meetic, nuestro perfil falso de badoo, y nos hemos dado un paseo por tutube y otras páginas de video.

Fue así como, tras un rato, nos encontramos esto:



Exacto. Los últimos cinco años han significado, para la industria cinematográfica, la confirmación de que todo tiempo pasado fue mejor. Es difícil encontrarse una pinícula que no sea ni una segunda parte, ni una adaptación, ni un remake de alguna serie nostálgica.

Por otra parte, los años sesenta fueron para yankilandia una década sencillamente horrible, sobre todo hacia el final. Que si el Vietnam, que si Nixon, que si matan a Martin Luther King... las series de televisión estaban en auge. La gente necesitaba que la recondujesen... y por eso nacieron series con moraleja y bonitas intenciones, como El Avispón Verde.



Estas sí eran intros, copón, que ya no queda nada por explicar... Basada en un serial para la radio de los años treinta, la serie contaba las aventuras del "Avispón Verde", uno de los múltiples héroes enmascarados que libraban a los americanos de criminales. En este caso, el protagonista era un maestro del disfraz y la infiltración, que no tenía ningún problema en hacerse pasar por uno de los malos para joderlos desde dentro, episodio tras episodio.



Tenéis que entender que en aquella época no había móviles, ni redes sociales, ni siquiera había correo electrónico, con lo que los malos tenían pocas ocasiones para ponerse al día unos a otros, y esas ocasiones quedaban reservadas sólo para los más grades. En una época en la que no se podían hacer perdidas, escribir en muros, ni enviar memes, a nadie le chocaba que el editor de un conocido periódico se colase en todas las organizaciones criminales habidas y por haber en compañía de un chino (un chino que debía ser el único asiático de toda la ciudad que no trabajaba en una lavandería).



Y es que el gran punto que hace que esta serie haya llegado a los oídos de frikis nostálgicos de medio mundo fue el que, el ayudante del exitoso Brit Reid, un chino llamado Kato, no era otro que el gran Bruce Lee. Se dice, comenta y rumorea, que obtuvo ese papel por ser el único actor asiático que se presentó al casting y supo pronunciar "Britt Reid". Y es que entonces Bruce (te envidiamos el nomrbe) aún no era el fenómeno de masas que fue después.



Obviamente, Kato metía unas tollinas como ruedas de molino, y su colega Britt tampoco se quedaba corto. Así, como un par de gañanes de la meseta, los protagonistas resolvían sus disputas a guayaba limpia, siempre ayudados por los más sofisticados cacharritos de alta tecnología y también por un coche que, como decía la intro, era un arsenal ambulante llamado "la belleza negra".



Curiosamente, la serie compartía productor con otra enorme serie de los sesenta, otra de esas series que, de no haber existido, deberían haberse realizado en el futuro y llevadas directamente a esa época en una máquina del tiempo (curioso... esto nos hace replantearnos muchas cosas...). Hablamos de la nunca bien ponderada serie de Batman en imagen real. El hecho de que compartiesen productores llevó a estos jerifantes desalmados a sacarse de la manga cosas como esta:



Jajojajota. Tenía que existir por fuerza. Cuatro fuerzas de la naturaleza luchando las unas con las otras para desenmascararse, detenerse y partirse el rostro mutuamente. Estas bellas iniciativas dejaron momentos para el recuerdo, como estas:





Un momento un momento... ¿un Burt Ward de diecisiete años le estaba calentando la cara a Bruce Lee? Vivir para ver.

En cualquier caso ya habéis tenido suficiente ración de nostalgia televisiva por hoy. Ahora nosotros nos vamos, pero volveremos, pandafrikis... y quizás lo hagamos incluso mañana. Os dejamos con la pegadiza melodía del avispón.



Que nadie mencione a Tarantino, y hasta otra, frikis.

No hay comentarios: