lunes, 7 de junio de 2010

Picores, sudores y... ¡TEMBLORES!

Hola, muchachada. Sabemos que vuestras vidas no cambiaron en absoluto desde el viernes pasado hasta hoy: sois los mismos chavalotes con mayor nivel en vuestros personajes del Dragon Age y más armas desbloqueadas en el Modern Warfare. Sin embargo, nosotros hemos cambiado.

Durante este fin de semana hemos organizado en la redacción un breve (o eso nos pareció a nosotros) maratón de cine casposo y de la serie B más absoluta (vamos, del que nos mola a todos aunque en el fondo sepamos que es más malo que un bocata de zampurriones), maratón que nos permite hoy ofreceros un breve repaso a una gran saga cinematográfica.

El post de hoy va dedicado a una gran película que todos conocéis (y si no la conocéis ya os podéis ir poniendo las pilas, que últimamente nos da la sensación de que no valéis ni para zurcir mierdas con un látigo) y, en el fondo, adoráis: Temblores; del nunca bien ponderado Ron Underwood, y todo el microverso (¿se puede decir "microverso" a estas horas?) que fue creciendo a sus pies, al igual que crece el papel higiénico que va rodeando las computadoras de nuestros lectores los domingos por la tarde.



Temblores cuenta la historia de un par de gañanazos que podrían haber salido de la más cutre de las villas de la meseta patria, los cuales dedican sus vidas a hacer pequeñas chapuzas en un pueblo alejado de la mano de Dios en Nevada. Estos jóvenes nos son otros que el gran, enorme, Kevin Bacon (ya sabéis, el del "oráculo de Bacon", el hombre cuyo apellido siempre nos da hambre), quien interpreta a Valentine McNee, que por meterla la metería hasta en la perra Laika; y el no menos grande Fred Ward, quien da vida a Earl Basset, un poco más maduro que su compañero, pero igual de paleto.

Con este dúo de ensueño entramos directamente en harina. Este pueblo de la américa profunda se convierte en el inclemente desierto de Arrakis cuando un grupo de gusanos gigantes y antropófagos a los que pasaremos a denominar "agarroides", cuyos ataques vienen precedidos de temblores y no dejan nada a su paso.

Esto motivará que los habitantes de Perfection deban plantearse el salir a la calle (igualito que Salman Rushdie) y se planteen como plantarles cara a los gusanos de arena.



La verdad es que la película es sencillamente cojonuda. Todos los pesonajes son una pandilla de rednecks del carajo, compuesta, además de por los ya presentados protagonistas, por la jamelga de turno, el típico yanki tronado que tiene más armas que piezas dentales y el único, el inigualable, Victor Wong.



En la segunda parte volvemos a tener a Fred Ward, quien, como superviviente al ataque de los gusanos gigantes, debe dirigirse a Mexico para combatir con una nueva plaga de agarroides cuyos ataques traen de cabeza a los lugareños y a los trabajadores de una estació petrolífera. El belén se termina de armar cuando los agarroides evolucionan y pasan a convertirse en una especie de pollos gigantes.

"Gusano ambulante comiéndose un Volvo"


Ahora los monstruos ya no utilizan las vibraciones del suelo para cazar, sino que pueden darse garbeos al aire libre y comer lo que les apetezca. Además, su sistema reproductivo trabaja al ritmo al que comen (lo sabemos, pero eso no va a pasar, queridos lectores, si queréis que alguien herede vuestra colección de comics vais a tener que dejar de comer nachos con mayonesa y salir de vez en cuando a la calle).



Otra auténtica joya que encumbra a Fred Ward como el Charles Bronson de la serie B.



Después le tocó el turno a Temblores 3, en la que ya ni Kevin Bacon, ni Fred Ward, ni hostias. Sólo quedaba Michel Gross, quien encarnaba al lunático de las armas en la primera entrega, y que, de todas formas, seguía molando un puñao.



En esta ocasión, el protagonista ve como los agarroides vuelven al pueblo primigenio, a dar por culo, básicamente, y esta vez, ni son sólo gusanos, ni hay pollos asesinos. Esta vez los monstruos vienen volando.



Esta ya es más cutre que las anteriores pero a nosotros nos alegró la madrugada del sábado con las delirantes ocurrencias de Gummer.



Temblores 4 es una precuela que nos lleva al far west, donde un antepasado de Gummer, ese personaje que ya se ganó a pulso un hueco en nuestro altar friki, lucha contra los agarroides a lomos de su caballo. Olor a pólvora, arena, whisky del malo, furcias, oro, y probablemente a melange.



Luego vino la serie. Hace tiempo que le echamos un ojo a sus trece capítulos, pero por cuestiones ajenas a nuestras voluntades y a las de nuestros caseros, este fin de semana fue imposible atacarla por completo. Un hombre puede soñar, un hombre puede soñar.



Los gusanos de arena van alternándose con otros fenómenos paranormales y con primeros planos de Gladise Jiménez e hilarantes disparates del ya más que adorado Gummer.



Y de hecho, sueña. Sueña con "Tremors 5: The Thunder From Down Under", que tiene título de pelipo, por lo que sabemos que no defraudará.

Hala, venga, ya está todo el pescado vendido, cada uno para su casa. Hasta otra, pandafrikis.

3 comentarios:

La Diosa de las Nenas Duras dijo...

Siiii, por fin, ¡un post de Temblores! Me he visto chorrocientas veces las 3 primeras porque en los canales de R no paraban de ponerla y, para mi, es una de esas pelis tipo Indiana Jones; que si la tienes bajada no la ves nunca pero cuando la echan en la tele es la tradición verla, aunque la repitan a la mañana siguiente.
Por cierto, ¿agarroides?, igual os la visteis subtitulada pero que yo recuerde los dulces gusanitos se llamaban Graboides.

LOSTPROPETH dijo...

tremors hizo de varias de mjis tardes una delicia tooodas me caen bien, la serie y la cuatro no la he visto

Denis dijo...

Miedo me da, no sabia que hubiera serie, pero ahora que lo se, tengo que verla :P

Gran post!