sábado, 14 de agosto de 2010

Videojuegos chanantes: Heavy Rain

Buenas tardes, purulentos freacs.

Hoy vamos a hablaros de un videojuego que salió hace algunos meses a la venta y que recientemente ha entrado a formar parte del armario del vicio de esta redacción, compartiendo estantería con la colección de Penthouse Comix y alguna que otra pelipo. Vamos a hablaros de otro gran videojuego chanante: el Heavy Rain, sólo para PS3.



Un momento, ¿cuándo nos volvimos loco en PcP? ¿Cuando empezamos a prefereir thrillers psicológicos antes que el salvaje botoneo del God of War III? Pues hace tiempo, cachofrikis, cuando adquirimos el Fahrenheit para PS2 (grandes tiempos). El tema es que, leáis lo que leáis en páginas de videojuegos más prestigiosas que esta (¡ja!), el juego puede considerarse una segunda parte del Fahrenheit, por mecánica, temática, controles, jugabilidad, autonomía de la voluntad de los protagonistas y ritmo.

El juego nos sitúa en su primera fase, antes incluso que la intro, en la casa de Ethan Mars, un joven arquitecto que vive con su mujer y sus dos hijos en un bonito chalet. Es verdad que si tenéis que juzgar el juego por esta fase más os valdría compraros el sims y dedicaros a ducharos y a hacer de comer, porque básicamente consiste en la familiarización con los controles. El tema es que, y esto no es ningún spoiler, en la vida de Ethan, siendo protagonista de uno de estos juegos, se masca la tragedia (más o menos como cuando te ponen el post-encierro a la entrada del telediario). Y así es: un aciago día en un centro comercial, la falta de cuidado del protagonista desemboca en la muerte de uno de sus dos hijos.



Tras esta intro se nos presenta one more time al protagonista dos años después, ya sólo con un hijo, separado, y viviendo en un asqueroso chamizo que sólo envidiaríais porque tiene dos pisos en vez de uno, pero que huele como vuestra habitación un domingo por la mañana. La ciudad vive aterrorizada por los crímenes del asesino del Origami, un psicópata que se dedica a matar niños y a dejar figuritas de papel en las escenas del crimen.

Al igual que sucedía con el Fahrenheit, el interés en la trama está en descubrir al asesino, y para ello no bastará con manejar a Ethan, sino que también jugaremos a ser el agente del FBI Norman Hayden, un yonki con un cacharrito sencillamente genial con forma de gafas; el investigador Scott Shelby, un fanegas fuerte, asmático y con buen corazón que anda tras la pista del asesino por encargo de los padres de uno de los niños; y la misteriosa e insomne Madison Paige.



En cuanto a los controles y la jugabilidad, como ya hemos dicho, son similares a los del Fahrenheit. Un sistema de "Simon Dice" que os llevará a actuar deprisa si queréis salir bien parados de cualquier escena de acción (todo cinemáticas en función de lo que pulséis, de cuándo lo pulséis y de que forma lo pulséis, ya que la manipulación brusca o suave de los controles también influye en la partida), y de cualquier escena de conversación estresante, como negociaciones con tipos armados o situaciones de angustia o trastorno mental, que hay mil.



El apartado gráfico es el que os va a llevar a cagaros en todo si la tele no es en HD. Las caras, las miradas, la lluvia y todo lo que saldrá en pantalla está presentado como casi una película. Es más: así fue rodad, con todos los movimientos interpretados por actores... mención especial para la jamelga que interpretó a Madison Paige, una tal Jacqui Ainsley. ¡Queremos can-ne!



La banda sonora es la típica de cualquier telefilme que os puedan poner en Antena 3 un domingo a las cuatro de la tarde, pero no debéis pedir más a un thriller psicológico; la duración es aceptable, como la de su predecesor; y su precio es abusivo, porque pese a ser rejugable ya que todas las decisiones que tomas entrañan cambios en la trama no vale los 69,90 euros que piden. Ni de coña. En la redacción, nuestros servicios de inteligencia de compras, más tacaños que la virgen del puño a la hora de aprobar gastos y designar dineros de los presupuestos decidieron adquirirlo tras encontrarlo a 39,90 euros en una franquicia de una conocida tienda de discos.



Como curiosidad queda comentaros que sois todos unos memos. No, eso también, pero no nos referíamos a vuestra memez. Lo curioso es que dentro de la caja te trae un pequeño papel cuadrado de un color marrón y, durante el tiempo que tarda en instalarlo, te va dando instrucciones para que hagas tu propia figura de Origami. Sí, para muchos de vosotros hacer algo útil con las manos más allá de sacaros bolitas de la nariz ya habrá valido los dineros que habréis pagado... y es que los chicos de Quantic Dream piensan en todo, incluso en la autoestima de los freacs que consumen sus videojuegos.



Hasta mañana freacs, y recordad que, si os tocáis mucho lo del pis os quedaréis ciegos.

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